Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 20 de mayo de 2017

Ajuste de Cuentas

Las películas de gánsteres o cowboys definen lo que es un ajuste de cuentas violento muy bien. Es más, me pareciera que el concepto lo inventó Hollywood por medio de esas películas, donde la venganza era la norma, siempre que la injusticia se cernía sobre el protagonista. La justicia había de ser satisfecha por medio del ojo por ojo y diente por diente. Según uno de los amigos de Job, el más joven, Dios va a hacer lo mismo con los seres humanos: Cada quien recibirá según lo que haya hecho de manos de Dios, sea bueno o malo.

Porque él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino. (Job 34:11)

Dios parece no estar de acuerdo con Eliú, el amigo joven de Job, y pregunta a Job: ¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría? (Job 38:2). No fue suficiente la tunda dialéctica que recibió el justo Job de parte de sus tres amigos que vino a unirse un imberbe a la masacre. ¡Con amigos como estos para qué quiere usted enemigos, oiga! Si Dios tuviera que pagarnos conforme a nuestras obras y caminos lo llevaríamos claro, pues “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10-12). Claro, clarito lo tendríamos.

Dios no quiere pagarnos conforme a nuestros pecados. Dios no desea condenarnos. Jesús no caminó entre nosotros para señalarnos con un dedo acusador, aunque lo mereciésemos. Jesús no vino a condenarnos, sino a salvarnos: Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él (Juan 3:17). Para eso debía ajustar las cuentas, pero no con nosotros, sino con Su Padre. Nuestro pecado requería un pago, una multa que pagar con la cual satisfacer el delito. El problema fue que para el ser humano caído en pecado, tal multa era impagable. Se necesitaba alguien sin pecado. Jesús fue ese alguien que nos sustituyó para que pudiéramos recibir el favor del Padre, Su Padre.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él  (Juan 3:17). Reiteró: Dios mandó a Su Hijo al mundo, todos nosotros, para ponerse a nuestro favor. En la cruz Cristo pagó todos los pecados de la humanidad sin dejar ninguno fuera, y esto satisfizo la justicia divina. ¡Ya no tenemos que ajustar las cuentas con Dios! Jesús lo hizo por nosotros. Da el siguiente paso y serás salvo: Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa (Hechos 16:31). ¡CREE EN JESÚS! Una advertencia: El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3:18). Dios no condena, tú te condenas si no crees en Jesús. Tú mismo terminarás ajustándote las cuentas. 

Jesús lo hizo.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!