Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Por Experiencia Propia

Hace muy poco tiempo que un conocido mío me envió un mensaje privado por eso del Facebook. Posiblemente cometí un error y le envié alguna página para que le diera a “me gusta”. Se trataba de una página de un estudio de música y él, conociendo mi fe en Cristo, me preguntó de qué clase de estudio de grabación se trataba. Le respondí, todo ello por privado, que era un estudio de grabación para músicos cristianos. Hasta aquí todo normal. El detalle que me sorprendió fue que aprovecho buenamente para hacerme ver que estaba más gordo. ¡Odio que me digan que estoy más gordo! Si lees esto no te lo tomes a mal, querido amigo del Facebook, pero es que la verdad duele. ¡Estoy más gordo, lo sé! Él, con toda la buena intención del mundo, aprovecho la oportunidad para ofrecerme (venderme) unos productos que me beneficiarían ayudándome a conseguir una línea más estilizada. Aunque me perdió como cliente desde el comienzo de la conversación privada al llamarme gordo, insistió en las bondades de los productos que vendía y de lo económico que eran. Un pequeño consejo amigo del Facebook: No llames a tus posibles clientes gordos desde el inicio pues si son como yo perderás a varios.


Bromas aparte, me encanta siempre ver como las personas comparten de forma sincera lo que, por experiencia propia, han vivido como bueno. Y él, sincera y honestamente quería compartir esos beneficios conmigo y de paso ganar lícitamente “unas perras” que con los tiempos que corren, no viene mal. Gracias amigo del Facebook.


Igualmente deseo compartir con otros las bendiciones que ser cristiano ha reportado a mi vida. El cristianismo no es una religión sino una relación íntima con Jesucristo. El cristianismo predica una relación de amistad profunda con Dios Padre por medio de Su Hijo Jesucristo. Yo simplemente estoy imitando a Jesús cada vez que comparto el mensaje del evangelio por el ciberespacio o cara a cara con las personas que se me cruzan en el camino. Es un deseo sincero que nace de mi corazón porque sé que lo mejor para cada hombre o mujer es tener una relación correcta con su Creador.


Me considero un mal vendedor y he llegado a esta consideración de mí mismo por experiencia propia. He vendido seguros, libros, aspiradoras, hasta lo intenté con la thermomix, y fue en vano. “Si eres bueno en algo lo vendes sin darte cuenta”, esa frase que escuche hace muchos años aún sigue resonando en mis oídos. Por lo tanto, si algo te apasiona lo “vendes” sin darte cuenta. La salud física se puede preservar durante años si cuidamos de ella como Dios manda (y nunca mejor dicho), pero la salud espiritual te preservará eternamente si cuidas de tu relación con Dios. El apóstol Pablo lo expresa de esta forma:

Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera. (1 Timoteo 4:7-8)

Aunque es lícito y bueno cuidar nuestro estado de salud, es más lícito y bueno, por consiguiente, mejor, practicar la piedad ya que no solo seremos bendecidos en esta vida pasajera, sino que la bendición trascenderá a la vida futura: la vida junto a Dios en el Cielo. ¿Cómo estás cuidando tu salud espiritual? ¿De qué forma te estás ejercitando para lo que conviene realmente? ¡Ojo! Estoy hablando de bendición como beneficio de la obediencia a los mandamientos de Dios, no como una forma de “ganarse el Cielo”. No podemos, por más que lo intentemos, “ganarnos el Cielo”.


Hazte un test de salud espiritual: ¿Has mentido? ¡Sí! Al que ha mentido se le llama mentiroso. ¿Has robado? ¡Sí! Al que ha robado se le llama ladrón. ¿Has tenido pensamientos lujuriosos? ¡Sí! Al que tiene pensamientos lujuriosos se le llama adúltero. Y el test podría seguir no quedándonos otro remedio que responder ¡Sí! a cada una de las cuestiones. Nuestra salud espiritual está bastante pachucha por usar un término suave y esto nos hace ver que no merecemos el Cielo ya que nuestros delitos contra Dios son evidentes.


Dios es un Juez justo y un juez justo no pasa por alto el delito, o lo que es lo mismo en este caso, el pecado. Pecar es infringir la Ley de Dios y esto ha traído consecuencias muy graves para todos nosotros que hemos pecado.

Porque la paga del pecado es muerte. (Romanos 6:23)


Muerte significa separación, separación de Dios. Si tú, querido lector, mueres físicamente sin haber aceptado el plan de Dios para tu vida aquí, pasarás la eternidad en un ambiente donde todo lo que entendemos por bueno, amable y amoroso no existirán lo más mínimo. Donde Dios no está no existe nada bueno.


La buena noticia es que todavía estás a tiempo de ir al Cielo. ¡Sí! la paga del pecado es la muerte pero Jesús vino a pagar nuestra deuda ante Dios por nuestros pecados y de esta forma, por medio de Su sacrificio en la cruz, tener una mano extendida hacia nosotros para llevarnos a una comunión íntima con Dios.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23)

Cree en Jesús, arrepiéntete de tus pecados y comienza a vivir como un cristiano, imitando a Cristo. No es fácil ir contracorriente, ya sabes lo que le ocurrió a Jesús, aunque eso entraba dentro de Sus planes para salvarnos. Él sí que llegó a darlo todo por lo que le apasionaba amando en gran manera, no solo de palabras sino firmándolo con Su preciosa sangre. Amigo la pasión de Jesús fueron y siguen siendo las personas como tú y como yo ya que somos Su creación especial. Cuando Jesús nos creó quiso presumir mostrando a todos Su gran obra. No somos meros productos del azar darwiniano, somos creados por Dios, somos Su “mejor producto”. Por eso dio Su vida por nosotros.


Somos la mayor creación de Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 23 de noviembre de 2013

¿Quieres Ser Mi Novia?

Un detalle que me ha pasado esta semana ha hecho que recuerde mi forma tosca e insegura de declarar mi amor a la que hoy, a Dios gracias, es mi amada esposa. Después de esta primera declaración se produjo un tiempo de intentar, por mi parte convencerla de que yo era su mejor opción. Nos pasábamos largas horas hablando antes de ella tomar su acertada decisión por mí. Me costó lo mío conquistarla pero al final salí triunfante como un guerrero que ha vencido en la dura batalla. Pedirle a ella que fuse mi novia y después pedirle que se casara conmigo ha sido la segunda decisión más importante de mi vida y solo la supera el día que decidí arrepentirme de mis pecados y creer en Jesús, es decir, el día que me di cuenta que sin Jesús estaba perdido y Él solo podía salvarme.


¿Quieres ser mi novia? Esta es la pregunta que escuché esta semana al salir de un ascensor y mientras me disponía a salir a la calle. Esta pregunta me horrorizo. Explico la escena que me encontré: Dos mujeres jóvenes y una niñita de no más de año y medio. Una de las mujeres no paraba de alabar a la pequeña por lo guapa que esta era. Las rebasé saludándolas con el típico “buenas tardes” a lo que ellas respondieron amablemente con la misma frase. De pronto, cuando ya se hallaban a mis espaldas retumbó la pregunta en mis oídos “¿Quieres ser mi novia?” con la cual una de las mujeres preguntaba a la aún inocente niñita. No lo pude evitar y me quedé a cuadros, de una pieza y consternado. ¡A dónde estamos llegando! Ese pensamiento me ha perseguido hasta estas letras que escribo como fruto de la sin razón que esa frase, por muy cariñosa que parezca, tiene.


Llamadme retrógrado, radical, políticamente incorrecto, fundamentalista, extremista, intolerante… pero contestadme ¿qué le están enseñando a la pequeña a tan tierna edad? ¿Qué pretenden enseñarnos cada día y a todas horas exhibiendo por los medios relaciones antinaturales, es decir, ilícitas. Creo que a la pequeña la están adiestrando en el convencimiento de que las relaciones lésbicas u homosexuales son buenas. ¡HORROR! Llevado un poco más allá sería un caso de pederastia encubierto. Señores y señoras llámenme como quieran pero ustedes saben, si no tienen la conciencia cauterizada, que esto es pecado. ¿Qué pensaste, querido lector, al leer la pregunta que titula este artículo? A buen seguro en la petición de un hombre a una mujer, un adolescente a su amor idealizado en una chica, o a un niño a su amor infantil de ojitos azules, con pequitas y cabello rubio que es su gran compañera de clase y juegos. He ahí lo natural, lo demás… ponle el nombre.

Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. (Romanos 1:26-27)


Esto que pasa hoy es lo mismo que pasaba antes. “No hay nada nuevo bajo el sol”, en palabras del sabio Salomón. El añadido de la época que nos ha tocado vivir es que el pecado se ha democratizado. Dios ha sido apartado de la escena y las mayorías son las que dictan qué es pecado y qué no es pecado. Pero lo paradójico del caso es que se nombre al pecado como se nombre, sus consecuencias personales (con uno mismo), morales (con los demás) y espirituales (con Dios), siguen siendo las mismas. TODOS ESTAMOS INFECTADOS POR EL PECADO.

Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Romanos 3:10-12)


Todos hemos pecado contra Dios desobedeciendo de una forma u otra sus leyes y esto debe ser castigado. Todos los que no han creído en Cristo se verán las caras con Dios cuando se presenten ante Su Juicio Final. El castigo es la muerte eterna, o lo que es lo mismo, la separación por siempre de todo lo que tenga que ver con Dios, pero hay esperanza en Jesucristo.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23)


Jesús vino a salvar a los que, como yo, habían pecado. Él trae perdón y paz a cada vida que se acerca a Él reconociendo sus pecados y arrepintiéndose de ellos. Entonces Dios Padre lo acoge como hijo legítimo, por el sacrificio que Su Hijo Jesús realizó en la cruz poniéndose en el lugar de nosotros, pagando así por los delitos y pecados que había en nuestra contra delante de Dios. Si vienes arrepentido a Cristo no te rechazará y serás una nueva creación, con un nuevo comienzo. Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, con lo que todas tus relaciones serán sanadas. Respetarás a Dios y el lugar que Dios ha decidido para cada persona en este mundo: el hombre será hombre y la mujer será mujer, ambos destinados a ser fértiles, no áridos, como las relaciones prohibidas por Dios mismo.

Llama a lo bueno, bueno y a lo malo, malo.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 16 de noviembre de 2013

Dotes Camaleónicas

¿Quién no se ha sentido atraído por los cambiantes colores del camaleón? Cuando niño los observaba en su intento de camuflarse con el medio en el que se hallaban y era sorprendente la rapidez con la que mudaban su piel áspera en otra tonalidad. Siempre respetábamos, por así decirlo, una norma para no causarle ningún mal al camaleón, a saber: NO EXPONERLO AL COLOR ROJO. Si por algún descuido o travesura le mostrábamos algo rojo al susodicho camaleoncito, su pequeño cuerpo se hincharía hasta que, en el momento más inesperado, estallaría como un globo en una fiesta de cumpleaños. Por supuesto, nunca transgredimos tan alta ley, por amor al camaleón y a no llenarnos de sangre la ropa. Otro asunto eran los lindos gatitos, perritos, pajaritos y demás “itos” que caían inocentemente en nuestras fauces, pues eran objeto de nuestros experimentos más osados ¡Pobres-itos! Otro día abarcaré el interesantísimo tema de los ojos del camaleón, y es que ¿a quién no le gustaría poder ver su programa favorito al mismo tiempo que lee a Calderón de la Barca? Lo cierto es que a nadie se le ocurrió crear una asociación pro defensa de los derechos del camaleón. El éxito hubiese estado garantizado.



En cierto modo todos tenemos dotes camaleónicas. Imagínate a Adán y Eva en el huerto después de haber pecado contra Dios, ¿qué es lo primero que se les ocurre? Poner en práctica por primera vez, en la historia de la humanidad, las dotes camaleónicas. La Biblia lo cuenta así:


Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. (Génesis 3:7-8)



El primer efecto del pecado fue la vergüenza: se vieron desnudos y se taparon. ¡Qué pronto aprendieron de Satanás! Él les sedujo para revelarse contra Dios camuflándose, como un camaleón, de serpiente astuta.



Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? (Génesis 3:1)

Si Adán y Eva fueron los primeros humanos en mostrar destreza camaleónica, el diablo fue el primer ser en la historia en exhibir esas dotes que la Biblia muestra en sus diferentes formas.



El segundo efecto del pecado fue esconderse: escucharon a Dios y se refugiaron en la maleza. Imitando a los diestros camaleones quisieron confundirse entre los árboles del lugar.


Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. (Génesis 3:8)

Pero Dios, que anda a la luz del día, sin nada que ocultar, los llama y les pregunta:

Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? (Génesis 3:9)



La primera consecuencia del pecado en nuestras vidas es la vergüenza, la segunda es esconderse y la tercera miedo.

Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. (Génesis 3:10)


Una cuarta consecuencia del pecado es culpar al otro: ¡Yo nunca tengo la culpa!

Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. (Génesis 3:11-13)


La quinta consecuencia del pecado es la maldición de la muerte: todo se haría de forma fatigosa y al final todo había de morir.

Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás. Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes. (Génesis 3:12-20)



La sexta consecuencia del pecado del hombre es la muerte de un inocente.

Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. (Génesis 3:21)

Dios mató ante sus ojos a un animal para proveer protección al ser humano. Esta fue la primera muerte en la historia humana.


La séptima consecuencia del pecado es la separación de Dios: Sus beneficios ya no están a nuestro alcance.

Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar  el camino del árbol de la vida. (Génesis 3:22-24)



Después del pecado el hombre no pudo hacer nada para salvarse y conseguir el perdón de Dios. Sin embargo Dios proveyó una salida para nosotros por medio del sacrificio del inocente. En la maldición a la serpiente está implícita la promesa de un Salvador: Jesucristo.



Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. (Génesis 3:15)

La serpiente heriría a Jesús en un sitio curable pero Cristo aplastaría la cabeza de la serpiente hasta matarla.


En resumen, el pecado nos trajo vergüenza, un deseo de escondernos de Dios, miedo a las consecuencias, tendencia a culpar a los demás de nuestros malos actos, la desalentadora muerte, que un inocente deba pagar por nuestros agravios y por último, y más importante, la separación de Dios y Sus bendiciones.


La buena noticia es que el pecado y sus efectos sobre nosotros tienen cura. Tus pecados, como los míos, pueden ser perdonados. Cristo fue el inocente que Dios sacrificó por amor a cada uno de nosotros para proveer auxilio a nuestro estado calamitoso. Cree en Cristo y serás salvo, arrepiéntete de tus pecados y el Padre te recibirá como a Su hijo de pleno derecho. Ya no será necesario usar las dotes camaleónicas para acallar la conciencia o esconderse de tus responsabilidades hacia Dios. La religión no será más un disfraz sino que te ampararás en una nueva relación con Cristo. Te quitarás la piel descolorida de la falsa ciencia que te está apartando de tu Creador, el Dios Vivo. Pasarás de muerte a vida y serás eternamente salvo. Esa es la promesa de Dios.



Si continuas aferrándote a tus dotes camaleónicas para esconder tu pecado estás en peligro grave. Un día estarás ante el juicio de Dios y ya no habrá ningún sitio que te sirva para esconderte ni ningún razonamiento válido para convencerle de por qué no creíste cuando tuviste la oportunidad.




No juegues al escondite con Dios.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 9 de noviembre de 2013

Mayordomo Responsable

El archiconocido José fue uno de los mejores mayordomos de la historia. Su vida se nos narra en los últimos catorce capítulos del libro de Génesis. José fue vendido como esclavo al capitán de la guardia de Faraón, Potifar. Como Dios prosperaba todo lo que José hacía, Potifar lo puso como mayordomo sobre todos sus bienes. El capitán de la guardia real solamente se preocupaba de alimentarse. Más tarde fue acusado falsamente de acosar a la esposa de Potifar y dio con sus huesos en la cárcel. El carcelero jefe advirtió rápidamente qué clase de persona era aquel preso y lo puso a cuidar de la prisión y de los prisioneros. Pasaron más de dos años y tuvo la ocasión de interpretar dos sueños que Faraón había tenido. Un sueño hablaba de siete años de prosperidad y el otro sueño hablaba de siete años de carestía. Faraón lo nombró gobernador de todo Egipto y solo el rey estaba sobre José. Gobernó con sabiduría y supo administrar muy bien todo el fruto de los siete años de prosperidad de tal forma que en los años de hambre toda la tierra pudo abastecerse de alimentos. Realmente José fue un gran mayordomo.


Dios ha hecho lo mismo con cada uno de nosotros. Nos ha dado la vida para que sepamos usarla, nos ha puesto como gobernadores de Su Creación para administrarla bien y nos ofrece a Su Hijo Jesús para que por medio de la fe vivamos de acuerdo a Sus parámetros. Todos somos mayordomos de Dios. La raíz del problema está en que hay buenos y malos administradores o mayordomos. El cine caricaturiza a los mayordomos presentándolos como personas estiradas, de pocas palabras, sin vida social y esclavizados a sus señores, sin embargo, la Biblia presenta una visión completamente diferente de lo que es un mayordomo. El buen mayordomo es aquel que ha recibido de parte de Dios el administrar Su casa y lo hace responsablemente sabiendo que de lo contrario recibirá el castigo por su negligencia. Me explicaré en términos hogareños, por un lado está el Dueño de la casa, por otro la casa, y por último, el mayordomo.

El Dueño de la Casa

Para que exista una mayordomía debe haber un dueño de la casa. Este dueño fija las reglas de su casa y asimismo él determina las obligaciones, responsabilidades y privilegios. La Biblia nos revela que DIOS ES EL DUEÑO DE LA CASA.


Porque toda casa es hecha por alguno; pero el que hizo todas las cosas es Dios. (Hebreos 3:4)

La Casa

No solo hay un Dueño y Señor, sino también una propiedad sobre la que Dios impone Su gobierno y autoridad. La casa de Dios es El MUNDO en el que vivimos.

De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan. (Salmos 24:1)




El Mayordomo

El mayordomo es una persona sobre la que el Dueño ha depositado responsabilidades, por lo tanto, debe cumplir con las reglas de la Casa pues de no cumplir con ellas, se hallará en serios problemas. EL SER HUMANO ES EL MAYORDOMO DE DIOS.

Tomó, pues, el Señor Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. (Génesis 2:15)

Resumiendo…

El Señor de la casa es EL DIOS VIVO
La casa es EL MUNDO
El mayordomo de la casa es EL HOMBRE


Dios, el Señor de la casa, creó un mundo perfecto donde todo tenía un equilibrio y pureza absoluta. Cuando Dios dice que todo era bueno en Su creación nos trasmite el concepto de la total bondad de toda la creación. Si para Dios, la Persona con más altos estándares que existe, el mundo era bueno en gran manera, ni nos podemos llegar a imaginar cómo era nuestro mundo. ¿Me sigues, querido lector?


¿Qué pasó al mundo en el que habitamos y que ahora se nos muestra imperfecto a todas luces? ¿Por qué todo está sentenciado a morir? Los dos primeros mayordomos de la historia fracasaron por desobedecer las reglas que Dios, como Dueño y Señor de Su Creación, impuso. A esta desobediencia la Biblia la llama pecado y desde entonces todos nacemos infectados por ese germen.

Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. (Génesis 3:11-12)

Todos naufragamos estrepitosamente ante Dios a causa del pecado y según cualquier ley debemos pagar por nuestros delitos y en el caso que nos ocupa, todavía más. Por esta causa nos espera el Juicio de Dios que juzgará si hemos sido responsables con Sus reglas. Puede que no te importe nada este asunto pero eso no cambia la realidad de que un día Dios te llamará a Su presencia y te mostrará tal y como has sido con respecto a Él y Su Plan para tu vida. Te pedirá que justifiques tu mayordomía, es decir, la confianza que Dios ha puesto en ti para que cuides de lo que es Suyo.


¿Qué hacer si nunca habías considerado este asunto? Investigar profundamente lo que Dios demanda de ti. Cristo vino a la tierra como el Gran Mayordomo de Dios y de esta forma administrar la salvación que el Padre nos ofrece. Nosotros, incapaces de salvarnos del Juicio condenatorio de Dios, tenemos que recurrir a Jesús que proveyó una puerta de salida por medio de pagar nuestros pecados ante el Padre en una cruz. Obedecer  a Dios es arrepentirte de tus pecados, confesarlos ante Dios y creer en Cristo como tu Salvador y Señor. No obedecer acarrea seguir bajo el Juicio de Dios.

Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 6:23)  

Ser un mayordomo responsable es obedecer a Dios.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 2 de noviembre de 2013

Revolution

Estoy “enganchado” a la serie televisiva Revolution. El argumento es bastante sencillo y la trama se mueve en un mundo en el cual la energía eléctrica ha dejado de estar disponible por medio de un gran apagón mundial y solamente unos pocos saben cómo ponerla nuevamente en marcha y al servicio de la humanidad. Por lo que se ha visto hasta el momento el apagón es el resultado de la decisión de unos pocos. Quien tenga la luz se hará con el poder.


¿Te imaginas un mundo donde la electricidad no exista? Esto no nos debe de sorprender pues otras épocas de la historia de la humanidad han carecido de esta fuente de energía. Lo realmente impactante es haber disfrutado de la electricidad y de pronto carecer de ella. ¿Cómo sería en estos momentos nuestro mundo tan dependiente de ella? Las privaciones de comodidades, informativas, higiénicas y en todos los órdenes ¿nos llevaría al caos o la humanidad saldría a flote como en las mejores producciones cinematográficas?


Cierto es que somos una sociedad dependiente en muchos niveles. Dependemos de que el estado preserve el estatus quo, que nuestro jefe esté contento con nosotros, que siempre nos acompañe la salud, que el trabajo no nos falte, que nuestros seres queridos siempre estén ahí, que no nos fallen los amigos… y no tenemos en cuenta que un día pueda producirse el gran apagón. Querido lector, ¿en qué estás poniendo la confianza? Quizá descansas en la política, quizá en la religión, quizá en la filosofía, quizá en la ciencia, quizá en tu valía, o quizá en tus logros. Solo tú sabes dónde tienes el asidero que te hace sentir seguro pero un día se producirá el apagón ¿estás preparado?

Pero el camino de los malvados es como la más densa oscuridad; ¡ni siquiera saben con qué tropiezan! (Proverbios 4:19)

La falta de luz puede provocar caídas, así de sencillo y así de doloroso. ¿Sabes dónde o con qué estás tropezando? Este proverbio trata de advertirnos del hecho de que la senda por donde andas puede ser como la más negra oscuridad de ser contado con los malvados. Los malvados en la Biblia son aquellos que no viven de acuerdo con la ley de Dios. Estas personas viven según sus propios dictámenes y a veces hasta se disfrazan diciendo que tienen fe en un creador a su imagen y semejanza, es decir, ellos ponen las reglas a Dios y no Dios es el que pone las reglas. Absurdo a todas luces (nunca mejor dicho) pues no saben con qué tropiezan.

¿Cómo contrarrestar el apagón? El mismo escritor de Proverbios nos da la respuesta. Pon especial atención a las palabras en negrita.


Hijo mío, atiende a mis consejos; escucha atentamente lo que digo. No pierdas de vista mis palabras; guárdalas muy dentro de tu corazón. Ellas dan vida a quienes las hallan; son la salud del cuerpo. Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti. Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos. No te desvíes ni a diestra ni a siniestra; apártate de la maldad. (Proverbios 4:20-27)




“No hay más ciego que el que no quiere ver”. Si persistes en vivir la vida a tu forma y manera sin contar con Dios vives en la oscuridad y únicamente vendrás si das cabida al mensaje del evangelio. Jesús puede encender la más negra oscuridad provocada por tus pecados.



En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella. (Juan 1:4-5)

Jesús ha vencido a las tinieblas por medio de sacrificarse en una cruz, poniéndose en nuestro lugar y pagando así por nuestros pecados. Si esto no lo entiendes es que vives en el gran apagón espiritual. Es más, si esto no provoca en ti un deseo de conocer más profundamente sobre Jesucristo y lo que Él hizo por ti, seguirás viviendo en maldad, separado de Dios. Por tanto, arrepiéntete de tus pecados, cree en Jesús y serás perdonado. Solamente Jesús puede liberarte de las ataduras que te esclavizan para llegar a ser libre de verdad.


Quiera Dios que hayas encontrado aquí el sitio donde encontraste la verdadera luz que hay en Cristo. Indaga, investiga, lee la Biblia, pídele a Dios que te ilumine. Él lo hará porque quiere salvarte de la muerte eterna que será el gran apagón definitivo que te dejará fuera del Cielo si no pones remedio aquí en la tierra.

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. (Juan 1:12)

Recíbele hoy, cree en Cristo y serás hijo de Dios plenamente. Has tuyo el canto del salmista cuando entonaba:

Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. (Salmos 119:105)

Jesús es mi luz.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!