Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 28 de junio de 2014

José III

Capítulo 5

Después de pasados dos años desde el suceso con el copero y el panadero del rey, se iba a producir el punto de inflexión en mi vida que lo cambiaría todo de forma radical. El Faraón tuvo dos sueños, en uno vio como siete vacas gordas eran engullidas por siete vacas flacas. En el segundo sueño siete espigas fructíferas fueron engullidas por siete espigas marchitas. Ningún mago o sabio egipcio pudo interpretar los sueños de Faraón pero el copero se acordó de mí y Faraón me hizo llamar rápidamente ordenando que me vistiesen y aseasen para la ocasión.


Una vez ante el rey me pidió que le interpretase sus sueños y así lo hice, no sin antes informarle que era Dios el que me los revelaba. Los dos sueños eran uno solo y contenían lo que Dios se disponía a llevar a cabo en los próximos catorce años. Las siete vacas flacas y las siete espigas marchitas son siete años de hambre y penuria pero los próximos siete años serían de abundancia y había que disponerse para aprovisionarse con el fin de estar preparados para los siete años de escasez.


Una vez más Dios me prosperó poniéndome como segundo en el reino. Solamente Faraón estaba sobre mí y puso su anillo en mi mano, me vistió de lino finísimo, puso un collar de oro en mi cuello, me montó en su segundo carro y mandó a todo Egipto a doblegarse ante mí. Treinta años tenía cuando comencé a servir al rey.


Hice recoger de toda la abundancia que la tierra dio en esos siete años y lo almacené en grandes silos. Tomé por esposa a Asenat con la cual tuve dos hijos, Manasés porque Dios me hizo olvidar el sufrimiento, y Efraín porque Dios me hizo fructífero en Egipto. Después de los siete años de abundancia llegaron los siete años de carestía y todas las naciones venían a Egipto a aprovisionarse de alimentos. Faraón mandó a todos a que viniesen a mí para abastecerse de los alimentos que teníamos almacenados.

Capítulo 6

Mi padre, Jacob, envió a mis hermanos a Egipto por provisiones dado que estos no sabían qué hacer. Todos viajaron a Egipto excepto Benjamín, el menor, ya que mi padre sentía temor por su vida. Después de su experiencia conmigo no es de extrañar. En cuanto los vi, los conocí, los interrogué y no me conocieron ellos a mí.


Acordándome de mis sueños con respecto a mis hermanos los acusé de espías lo cual, por supuesto, negaron. Yo seguí acusándolos y me revelaron que eran doce hermanos, uno se quedó en Canaán y el otro, yo, desapareció. Esto me dio pie a seguir incriminándolos como espías y les obligué a que uno de ellos fuese en busca del hermano que faltaba mientras que los demás se quedaban presos. Por tres días los tuve encarcelados.


Después les propuse que uno solo quedase preso y los demás trajesen al hermano menor que faltaba. Todo esto les trajo a la memoria el mal que me habían hecho y se angustiaron. Mandé llenar sus sacos de trigo, que metiesen el dinero de cada uno en sus sacos y les aprovisionasen con alimentos para el viaje de regreso. De regreso se dieron cuenta de la devolución del dinero y atemorizados se preguntaron qué es lo que les había hecho Dios por medio de este suceso.


Cuando se encontraron con Jacob le contaron todo lo vivido en Egipto, como les traté de espías, la prueba que les puse dejando a Simeón arrestado para quitar la acusación de espías y que los sacos contenían también el dinero del pago. Mi padre sintió que él era el culpable de todos estos acontecimientos. Rubén puso la vida de sus dos hijos a merced de mi padre como garantía de la devolución de Benjamín a lo que Jacob se negó rotundamente.


Tuve que esperar una vez más para ver cumplidos mis deseos sabiendo que más tarde o más temprano las provisiones se les acabarían, y no tendrían más remedio que volver a mí.

Poderoso para servir.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 21 de junio de 2014

José II

Capítulo 3

Dios siempre estuvo conmigo prosperando todo aquello donde Él me ponía. Potifar, el capitán de la guardia de Faraón, me adquirió como esclavo y al observarme se dio cuenta de que Dios bendecía mi trabajo. Hasta tal punto quedó impactado que me puso como mayordomo de su casa. Potifar puso todos los asuntos de su casa en mis manos como muestra de su confianza en mi labor. Potifar no se preocupaba de nada, tan solo de comer.


La esposa de mi amo no era de la misma simiente que él. Ella solo vivía para lo sensual y siendo yo joven puso su vista en mí. Vez tras vez me asaltaba con sus peticiones sexuales y yo no dejaba de hacer ver que mi fidelidad a Dios y a Potifar estaba muy por encima de mis deseos y los suyos. Llegó un punto en que me vi literalmente acorralado y tuve que huir ante tal acoso desmedido. Ella me asaltó agarrándome de la ropa e intentando forzarme sexualmente, yo corrí lo más que pude para zafarme de aquella situación pero en el forcejeo ella se quedó con parte de mi ropa.


Al verse rechazada contó a todos una sarta de mentiras sobre el suceso que me pusieron, como podéis imaginar, en una posición muy comprometida. Potifar, como resultado de las maquinaciones perversas de su esposa, se enojó fuertemente conmigo y  fui a dar con mis huesos en la cárcel. Después de todo, a Dios gracias, es lo menos que me hubiese podido ocurrir porque Potifar, en mi condición de esclavo, pudo haberme matado al montar en cólera contra mí. Creo que después de todo me tenía aprecio.


Una vez instalado en la cárcel mi Dios seguía a mi lado y nuevamente, por medio del jefe de la cárcel, me puso en un cargo de responsabilidad. Cuidaba de todos los presos que había en la prisión llevando a cabo todos los detalles pertinentes en cada momento. El jefe de la cárcel confiaba en mí plenamente, pues el Señor me prosperaba.


Capítulo 4

Como la prisión en que me encontraba estaba destinada a los presos del rey tuve la oportunidad de trabar amistad con ellos, máxime que además los servía. Un día llegaron dos nuevos presos a prisión, el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos, acusados de delinquir contra el rey. El jefe de la cárcel rápidamente me puso al cuidado de ellos.


Después de algunos días, tanto el copero como el panadero, tuvieron sendos sueños y esa mañana los vi tristes, les pregunté: ¿Por qué se os ve tristes? A lo que ellos me respondieron que habían tenido un sueño y no hallaban quien los interpretase. Como Dios es el que me daba a conocer las interpretaciones de los sueños les dije que me los contaran


El sueño del copero fue para su bien ya que al cabo de tres días iba a ser restituido por Faraón en su cargo, y por lo tanto, librado de la muerte. Yo le pedí encarecidamente que se acordara de mí cuando estuviese ante Faraón y me librase del yugo de la cárcel. Con el panadero fue bien distinto: en tres días se dispondría su ajusticiamiento ahorcado. Doy fe de que todo lo que les mostré se cumplió como Dios me dijo.


Al tercer día fue el cumpleaños de Faraón que hizo una fiesta en palacio e hizo llamar a su presencia al copero y al panadero que estaban conmigo en la cárcel. Volvió a confiar en el jefe de los coperos devolviéndole su responsabilidad de servirle en ese cargo de honor, y al jefe de los panaderos lo envió a la horca.


Tuve que sufrir una vez más, esta vez por la ingratitud del jefe de los coperos, al que hice bien revelándole por medio de Dios la interpretación de su sueño, y él se olvidó de mí. Ahora puedo entender que Dios esperaba el momento idóneo para mi liberación y aunque la prueba era difícil y la condena inmerecida, seguí fiel a Él sirviéndole en medio de aquella situación carcelaria, tan ajena a todo lo que yo había vivido hasta el momento.

Prosperidad y olvido.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 14 de junio de 2014

José I

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Colosenses 3:23-24)

La vida de José es la de una persona entregada de corazón a los designios divinos. Esto se demuestra en que a él no le importó quedar mal con sus hermanos ganándose, en el menor de los casos, la antipatía de ellos. Asimismo, Jacob su padre, también se enojó contra José por la simple temeridad de compartir sus sueños con él. La diferencia estribaba en que Jacob sí amaba a José y meditaba en esto (Génesis 37:11). Esta parte de la historia acaba con José vendido por sus hermanos como esclavo (37:28).

La vida de José fue una vida de pureza y santidad. No sucumbió ante las demandas adúlteras de la esposa de Potifar, y salió huyendo (39:10-13). Su vida brilló porque hacía prosperar todo aquello que se ponía a su alcance, gracias a que Dios estaba con José. Potifar (39:2-4), el jefe de la cárcel (39:21-23) y Faraón (41:37-45) pusieron su absoluta confianza en el hebreo bendecido por Dios.

Por último, la vida de José fue de perdón, provisión y bendición. Él perdonó a sus hermanos por el mal que le habían hecho (45:1-4), los proveyó de alimentos para que no murieran (45:5-8), y les entregó una tierra donde habitar seguros en medio de los años que vendrían de penuria (45:9-11).


La vida de José mostró como Dios puede usar a una persona que ve en las circunstancias de la vida la mano de Dios y Su propósito soberano. El siguiente texto bíblico resume el propósito de Dios en José para salvación al pueblo escogido: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo» (50:20).

José siempre ha sido un personaje destacado de las Escrituras dado que es un tipo de Jesús. Este paralelismo con el Mesías prometido solo se hizo visible cuando Jesucristo habitó entre nosotros y pudimos observar de primera mano los puntos de encuentro entre José y Jesús. Basado en este hecho expongo una tabla con dichos paralelismos.

José
Jesús
Pastor de ovejas (Gn. 37:2)
Pastor de ovejas (Jn. 10:11)
Amado por el padre (37:3)
El Hijo Amado del Padre Celestial
(Mt. 3:17)
Fue enviado a sus hermanos y rechazado por ellos mismos (37:13-20)
Fue enviado a sus hermanos (Israel) y rechazado por los mismos (Jn. 1:11)
Tenía una túnica de colores (37:23)
Tenía una túnica (Jn.19:23b)
Planearon matarlo (37:18-20)
Planearon matarlo
(Mt. 26:4; Mr. 11:18; Lc. 19:47; 22:2)
Fue vendido por 20 piezas de plata
(37:27-28)
Fue vendido por 30 piezas de plata
(Mt. 26:15)
Fue siervo (Gn. 39:4a)
Tomó forma de siervo (Fil. 2:6-7; Is. 42:1)
Fue tentado y venció la tentación
(39:7, 10-13)
Fue tentado 40 días y venció la tentación (Mt. 4:3-10)
Perdonó a sus hermanos (41:1-15)
Rogó al Padre por perdón para sus hermanos homicidas (Lc. 23:34)
Preso en medio de dos delincuentes
(40:1-19)
Fue crucificado en medio de dos delincuentes (Mr. 15:27)
Dios lo exaltó en la tierra de Egipto
(41:39-43)
Dios lo exalto hasta lo sumo (Fil. 2:9)
Dios lo puso por salvación de su familia 
(45:7-7)
Dios lo puso por salvación de las naciones.
(1 Jn. 4:14 ; Jn. 4:42)[1]

He aquí la historia de José como, tal vez, él nos la contaría.

Capítulo 1

Crecí en la tierra de Canaán en medio de una familia muy numerosa, tanto que hoy día casi sería un delito. Todos mis problemas comenzaron cuando cumplí diecisiete años. Yo era pastor de ovejas y veía las malas artes de mis hermanos e informaba a mi padre de ellas. Esto los crispaba y se enojaban contra mí profiriéndome insultos, indiferencia y malos tratos.

Me siento un privilegiado pues mi padre me amaba más que a mis otros hermanos dado que me había tenido siendo ya viejo. Esto también me causaba serios problemas con todos mis hermanos. Os pondré un ejemplo. Un día Jacob, mi padre, decidió hacerme una túnica de hermosos colores y esto provocó las envidias de mis hermanos de forma más patente.


Para colmo de mis males soñé que toda mi familia, incluidos mis padres, se inclinaban ante mí como si yo fuese un rey. Al contárselo a ellos se enojaron contra mí aún más. ¡Hasta papá se enojó conmigo! Pero lo analizaba al detalle. Ahora sé que Dios nos reveló algo muy especial en cuanto a Su voluntad para nosotros.


Un día mi padre me envió a ver cómo estaban mis hermanos y ellos me quisieron matar apresándome y escondiéndome en un pozo del desierto. Felizmente para mí decidieron no matarme, pero me vendieron a unos ismaelitas que pasaban por allí y se dirigían a Egipto. Después supe por ellos mismos que mancharon mi túnica con sangre de animales y la presentaron a mi padre como prueba de haber sido muerto por una alimaña. Mi padre lloró amargamente siendo consolado por los hipócritas de mis hermanos. Los madianitas me vendieron como esclavo a Potifar, capitán de la guardia de Faraón.

Capítulo 2

Mi hermano Judá desobedeciendo las normas familiares escogió esposa entre las mujeres cananeas. Tuvo tres hijos y les puso por nombre Er, Onán y Sela. Judá casó a Er, su primogénito con Tamar pero Dios quitó la vida a Er por causa de su maldad. Mi hermano Judá se vio obligado a ofrecer a su segundo hijo, Onán, para que diese descendencia a Tamar. Con Onán pasó lo mismo que con Er ya que hacia prácticas que desagradaban a Dios y murió. Judá pidió que Tamar esperase a que Sela, su tercer hijo, fuese mayor y pudiera levantar descendencia a sus hermanos.

Tamar esperó muchos años sin ver cumplida la promesa hecha por su suegro. Al morir la esposa de Judá Tamar ideó una forma para hacer justicia a su agravio. Ella se vistió para seducir a mi hermano y lo esperó. Judá la tomó por una prostituta pactaron el precio y se acostó con ella. Para garantizarse que Judá le pagaría la deuda contraída Tamar le pidió el sello, el cordón, y el báculo a lo que su suegro aceptó.

La sorpresa para Judá fue que cuando intentó pagar a la mujer nadie la conocía ni la había visto. Al cabo de tres meses dieron a noticia a mi hermano de que Tamar estaba embarazada y Judá pretendió matarla según la costumbre para los adúlteros. Ella se defendió mostrando el sello, el cordón y el báculo de Judá. No le quedó más remedio que reconocer el delito cometido y asumir su responsabilidad. Jamás volvió a tener relaciones sexuales con ella. Fares y Zara fueron los hijos que le dio Tamar.

Esto simplemente es una muestra de lo que mis hermanos eran en cuanto a su proceder y moral: muestra de desobediencia a los padres, mala educación de los hijos, incumplimiento de las promesas e impureza sexual. En este medio ambiente viciado crecí pero Dios me había reservado algo muy especial.

Y esto es solo el comienzo...

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 7 de junio de 2014

Como Música Para Tus Oídos

“Si me realizaran un análisis de sangre solo sacarían notas musicales”. Esta frase la escuché de primera mano en los labios de un músico. A mí me pasa lo mismo, pero mi torrente sanguíneo, hematíes, leucocitos, plaquetas y plasma tendrían forma de guitarra. Solamente he conocido a una persona que me aseguró que no le gustaba la música de ningún tipo. Lo paradójico es que estaba casada con un músico. Pasando por alto ese raro ejemplo diré que la vida sin música sería muy aburrida, sin mucho sentido. La música tiene el poder de trasmitirnos estados de ánimo y explicarnos sentimientos que de otra forma serían imposibles de expresar con simples palabras.


La música tiene un aspecto que trasciende a lo espiritual, llegando a ser el verdadero lenguaje del alma. Es normal que la música sea espiritual porque refleja al que la inventó, Dios. No es de extrañar que la Biblia esté llena de cánticos mostrando los más altos pensamientos, y los más bajos. La más básica forma de alabanza a Dios es por medio de la música. ¡Dios ama la música! Sé que Él es el más grande de todos los músicos y en el Cielo escucharé las más bellas melodías compuestas por Su talento genial. El mismísimo Bach estará frente a Él babeando de gusto por lo que sus oídos tienen el honor de escuchar. ¡No me cabe la menor duda!


Pero hay algo que Dios ama muchísimo más que a la música. Ese algo no es algo, es alguien, tú y yo. Saber que Dios me ama es como música para mis oídos. Es una música apasionada que me atrapa y que quiero escuchar una y otra vez. “Dios te ama, Dios me ama, Dios nos ama…” El amor es más que la música porque la música solamente puede expresar amor, mientras que nosotros somos los que podemos sentirlo de forma muy real. La partitura del amor de Dios por ti se titula Jesucristo.


El evangelio es el mensaje que Jesús vino a compartir con cada uno de nosotros. La partitura fue escrita con Su sangre, la orquestación del Espíritu Santo y la dirección estuvo a cargo del Padre. Toda una producción que tiene como objetivo tu salvación y como meta la gloria de Dios. Escucha la música con atención y no como el que oye llover detrás de una ventana. “Jesús, te ama, Jesús me ama, Jesús nos ama…”.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

Jesús nos ama a pesar de haber hecho lo malo. ¿A quién conoces que te ame si has matado a uno de sus hijos? ¡NADIE TIENE ESE AMOR EN ESTA TIERRA! Nuestros pecados fueron los culpables de que Jesús muriese en una cruz clavado. Su amor es como música para nuestros oídos. ¡No! Su amor es más que música para nuestros oídos. Lo triste es que en este caso hay muchos, muchísimos, a los que no les gusta esta música, porque viven ensimismados en una eterna disonancia que les está entorpeciendo los oídos espirituales. Al igual que para entonar bien hay que concentrarse escuchando bien las notas y luego reproducirlas con nuestra voz, para entender el mensaje del evangelio es necesario analizarlo porque Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo. (Romanos 10:17)


Cristo se puso en nuestro lugar para pagar la deuda que contrajimos con Dios por causa de vivir apartados de Su voluntad, pecando. El delito, pecado, debe ser satisfecho y eso es lo que hizo por ti y por mí Jesús. Ahora tienes la gran oportunidad de volver a ser hijo de Dios si te arrepientes de tus pecados y crees en Jesucristo como tu Salvador. Dejarás de disonar y empezarás a vivir acorde a Su voluntad. Si no dejas que Jesús te afine aquí, nada de lo que hagas hará que cuando pases a la eternidad estés en armonía para entrar al Cielo.

Escucha para dar la nota.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!