Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Derechos Y Deberes

A Dios gracias que en España aún podemos disfrutar de la seguridad social gratuita para todos los ciudadanos. Esto implica una serie de derechos que el ciudadano tiene frente a esta institución, y una serie de deberes que todos debemos cumplir para la buena marcha del sistema de salud. Hace unos días visité al médico, y en la típica larga espera hasta ser ¡por fin! atendido, fijé mis ojos en un cartel que exponía, a la vista de todos, la lista de Derechos y Deberes de los usuarios del sistema sanitario. La curiosidad me llevó a contar que eran treinta los derechos que tenemos, frente a seis deberes que contraemos.

Lo mismo ocurre en nuestra relación con Dios, la cual todos podemos disfrutar si nos hacemos ciudadanos del Cielo, para de esta manera contraer una serie de derechos y deberes específicos en esta situación especial. He aquí un buen ejemplo de lo finito: la seguridad social, que acaba cuando nosotros fallecemos, o las reservas del país se agoten, y, por otra parte, lo infinito: el Cielo, que nunca acabará, recibiéndonos más allá de la muerte, cuyas reservas son inagotables, siendo el Dios Todopoderoso e Infinito el que lo sustenta.

Si alguno quiere conocer sus derechos y deberes con respecto a la salud debe, o bien, acercarse y leer en un centro de salud el aludido cartel, o bien, buscar la información por otros medios. Igualmente, para conocer nuestros derechos y deberes celestiales, hemos de informarnos en la Biblia. Una vez adquirida la ciudadanía celestial Dios cumplirá con los derechos que adquiramos, y nosotros cumpliremos con los deberes que nos correspondan.

Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia. (1 Pedro 2:9-10)

Por medio de poner nuestra fe en Jesús, y arrepintiéndonos de nuestros pecados cometidos contra Dios, es como obtenemos la preciada ciudadanía celestial. Ipso facto Dios nos hace Sus hijos de pleno derecho y nos otorga los títulos que he resaltado en negrita del texto anterior. Es como sí renunciásemos a la ciudadanía española y abrazásemos la ciudadanía de otro país recibiendo los derechos y deberes especiales de la nueva situación. En el caso del Cielo, abrazamos la ciudadanía celestial, dejando la ciudadanía terrenal en un segundo plano. Por supuesto, esto no quiere decir que los ciudadanos del Cielo son rebeldes ciudadanos terrenales, todo lo contrario, deben ser excelentes ciudadanos del mundo. Dios así nos lo demanda, pero sabemos que nuestro destino no está aquí, sino que trasciende a lo celestial.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. (Lucas 10:27)

Amar a Dios sobre todo, y con todo nuestro ser, y amar al prójimo igual que a nosotros mismos, son dos deberes que contraemos en nuestro pasaporte de ciudadanos del Cielo. Como la esencia de Dios es el amor, Él quiere que esto se refleje en Sus hijos: primero, amor a Él, y segundo, amor a mi semejante.

…para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9b)

Anunciar las buenas nuevas de salvación es el tercer deber del ciudadano del Cielo. Amar a Dios nos lleva a comprender que Él dio todo por nosotros al ofrecer a Su Hijo Jesús para rescatarnos de la muerte por medio de la cruz y así poder sellar nuestra ciudadanía celestial. Dios desea muchos hijos en el Cielo por eso nos ha dado el deber de proclamar Su gran amor a nuestro prójimo. Esta es una forma excelente de amarlos como a nosotros mismos.

Empieza a vivir como ciudadano del Cielo.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 20 de septiembre de 2014

Facebook Y Sus Frases

Facebook es un hervidero de frases ingeniosas. Esas frases han sido acuñadas por personajes célebres, y menos célebres. Tengo la sensación (puedo estar equivocado) que muchos de estos pensamientos son colgados en el muro para lección de muchos, y yo alguna vez que otra, me he encontrado, conociendo a la persona que ha puesto tal frase, haciéndome la misma pregunta: ¿Se le habrá ocurrido que esa oración primero debería aplicársela a él/ella mismo/a? Incongruencias del Facebook. Por otro lado, he leído frases compartidas por personas bien intencionadas que simplemente deseaban expresar sus sentimientos o creencias personales por medio de los dichos de otros. Congruencias del Facebook.

Estos días llamó poderosamente mi atención una de esas frases de personas congruentes que navegan por Facebook, y que le dan buena cara al libro, sea dicho de paso. Ahí lanzo la frase:

“LA FE ES SENTIR EL CALOR DE LA HOGUERA 
AL CORTAR LA LEÑA”

El pensamiento vertido en la frase anterior tiene autoría célebre, según se leía en la foto, pero debo de pedir disculpas porque no recuerdo quién es. Si alguno lo sabe, hágamelo saber, gracias. El caso es que hay mucha verdad en ella. Al meter la llave para arrancar el coche, un segundo antes, he sentido el rugir del motor; cuando me duermo creo que despertaré para afrontar un nuevo día; trabajo mes tras mes con la confianza de recibir mi sueldo… Sin fe no se puede vivir. Sin fe nos volveríamos locos de atar. Sin fe la esperanza se acaba. Por lo tanto, todos tenemos y usamos la fe, por esta razón la pregunta no es ¿tienes fe? Sino más bien ¿dónde has depositado tu fe? ¿En qué o en quién depositas tu esperanza?

Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. (Marcos 11:22)

La crisis que nos viene acompañando desde hace años ha removido los cimientos de esta sociedad basada en el consumismo y la corrupción. La gente gastaba lo que no tenía por basar su fe en la seguridad de recibir un sueldo a final de mes. Los desastres personales y familiares que hemos vivido en esta época, por la fe en la seguridad del estado y el empleo, son vívidos ejemplos que todos conocemos ampliamente. De pronto llega Jesús y nos anima de forma imperativa a poner nuestra fe y confianza en Dios. Recuerda: “La fe es sentir el calor de la hoguera al cortar la leña”.

Ahora bien, la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve. (Hebreos 11:1)

La fe es saber que Dios existe aunque no lo veamos. Garantía y certeza es fe. ¿Te ofrece esto el mundo en que vives? Si te lo ofrece, puedes dejar de leer esto, pero si la inestabilidad es lo que estás recibiendo, es la consecuencia de depositar tu fe en las cosas que un día acabarán o ya han acabado. ¿Cómo depositar tu fe en Dios?

En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. (Hebreos 11:6)

La única forma de agradar a Dios es teniendo fe en Él, es decir, creyendo que Él existe y que un día te recompensará por ello. ¡La fe en Dios tiene recompensa! Un día, cuando tu vida acabe aquí, Jesús te dará la bienvenida en el Cielo, que es el lugar donde a todos les gustaría estar. Dios te conoce profundamente y te ama demostrándolo por medio de Jesús, Su Hijo, que dio Su vida por ti y por mí en una cruz, para pagar por nuestros pecados, y de esta forma poder poner nuestra fe en un Dios amoroso y perdonador, que recompensa a los que orientan su fe en Él. Arrepiéntete de tus pecados pidiendo perdón a Dios y cree en Jesucristo como tu Salvador, para agradar plenamente a Dios.

La fe es la clave.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 13 de septiembre de 2014

Las Mayorías Mandan

Como he comentado en alguna ocasión, vivimos en la democracia de las tiranías mayoritarias, o dicho de forma sencilla: vivimos en la tiranía de las mayorías, que para el caso es lo mismo. La mayoría es la que impone su criterio ante una minoría que se queda sin voz y su voto ha servido para bien poco. Esta reflexión me vino nuevamente al escuchar en una cadena de difusión nacional, en el día de la Diada catalana, y desde una plaza de Barcelona, que tanto comentaristas como políticos hablaban profusamente de las bondades de que la mayoría de ciudadanos, por medio del voto, se decantase por una opción. Resumiendo: la mayoría elige como hemos de vivir. Pero… ¿quién ha dicho que la mayoría siempre tenga razón? Yo no. ¿Y tú, querido lector? Tampoco. Hasta ese punto todos estamos en concordia. Entonces, ¿por qué seguimos alimentando esa práctica? En el fondo preferimos ser masa y no individuos que hagan valer sus valores y creencias, dejándonos arrastrar por la masa.


No digo aquí que esté mal buscar el consenso por el voto mayoritario, pues es la forma de tener a la mayoría contenta, aunque lo idóneo es buscar la justicia, por encima del contentamiento. Lo que quiero decir es que no siempre la mayoría tiene la razón, y ahí radica el gran peligro. Un ejemplo crudo y duro: si se consigue por mayoría de votos el aborto libre por cualquier circunstancia, a España le quedarían tres telediarios. Es que aunque el aborto libre no ha llegado a las urnas, somos de los países más viejos, por lo menos, de Europa. Imaginemos si las urnas dieran paso al aborto libre…

Y dijo Dios: He aquí el pueblo es uno, y todos estos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. (Génesis 11:6)

La archiconocida historia de la torre de Babel es un vivo ejemplo de lo que hacen los hombres cuando son de un solo pensamiento: quieren alcanzar el Cielo por sus propios méritos y de paso, destronar a Dios. El problema no era que tuviesen un mismo pensamiento, el problema estribaba en que ese pensamiento iba contra el Dios que los había creado. Grandes cosas han sucedido cuando las organizaciones se han puesto de acuerdo para hacer el bien, pero desgraciadamente, en número igual, o mayor, otras se han unido para urdir pensamientos oscuros. Dios nos confundió en Babel y desde entonces hemos perdido la unidad, hasta tal medida que es imposible, aun teniendo el mismo idioma, ponernos de acuerdo en todo.

Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Romanos 3:12)

La única forma de conseguir mayoría absoluta es porque, como refleja el texto anterior, todos nos desviamos, de forma consensuada nos hicimos inútiles y todos somos malos. No lo digo yo, lo dice Dios en Su Palabra, la Biblia. Cuando Jesús vivió entre nosotros no busco a una mayoría de seguidores sino a un grupo íntimo donde derramar Su amor y sabiduría. Sus discípulos, después de Su muerte y resurrección, serían los responsables de esparcir la semilla del evangelio por doquier.

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. (Lucas 12:32)

Jesús nos llamó a los creyentes manada pequeña. Si no crees en Cristo como tu Salvador personal y te arrepientes de tus pecados, perteneces a la manada grande, la que impera poniendo leyes según la conveniencia sin pensar en lo que a Dios le agrada. Aquí no hay neutralidad, o eres de la manada pequeña, o eres de la manada grande. Probablemente sigas decidiendo pertenecer a la manada grande, aunque debo advertirte del error que estás cometiendo, porque de lo contrario lo que escribo no tendría sentido. Un día la manada grande, la que no ha contado con Dios para nada, de la cual aún formas parte, será sentenciada por el mismo Dios a cumplir la condena, que por méritos propios ha ganado. Estoy seguro de que entiendes perfectamente lo que te quiero decir. Dejo la pelota en tu campo, pues nadie puede decidir por ti el depositar tu fe en Jesús, para salvarte de la condenación eterna. Tú mismo, querido lector.

Solo Jesús merece la mayoría absoluta.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 6 de septiembre de 2014

Jesús No Es El Único Camino

Siempre es aconsejable conocer el camino por el cual estamos andando ya que esto hará que no nos perdamos. Debo confesar, en este punto, que cuando me hallo perdido soy de aquellos a los que no les gusta preguntar. Cuando voy en el coche y me pierdo ‒cosa bastante normal‒ tengo a mi esposa que rápidamente me “aconseja” preguntar ‒eso también es normal‒. ¿Preguntar qué? ¡Ni que estuviera perdido! Me delata el tonto orgullo. Por ser veraz, y en honor a mi querida esposa, he de reconocer que si no siguiese su consejo de preguntar para llegar al sitio de destino, aún seguiríamos perdidos vaya usted a saber por dónde.


Si piensas que vas en la dirección correcta pero te han informado mal, las consecuencias pueden ser catastróficas. Recuerdo aquellos dos pobres desgraciados que siguiendo un GPS con mala información acabaron ahogados en un pantano. Ellos creían seguir por el camino correcto, pero realmente su GPS no estaba actualizado. Si nos dejamos guiar por gente que está desorientada, nosotros acarrearemos con las consecuencias, que suelen ser negativas. Ya se sabe que si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán por el mismo barranco.
Y les decía una parábola: ¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán ambos en el hoyo? (Lucas 6:39)


En este mundo parece haber tantos caminos como personas. ¡Sálvese quien pueda! Como consecuencia cada cultura ha adoptado unos cánones culturales y religiosos propios, con el fin de construir un camino que se adapte a ellos y a su idiosincrasia. Religiosidad a la carta que toma lo que le conviene y desecha todo aquello que le fastidia. Otro camino es la autocomplacencia o hedonismo. La búsqueda del placer por cualquier medio, sin importar los costes físicos y morales que se deriven de los actos, es el único objetivo de la corta vida en este planeta. En este “juego” las personas se convierten en artículos de usar y tirar. Religiosidad y hedonismo son un resumen de lo variopinto de la elección humana para intentar salvarse y ser feliz.


Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. (Proverbios 14:12)

Ciertamente, para gran parte de la humanidad, Jesús no es el único camino. El gran problema que se encuentra esa gran parte de la humanidad que siguen hábitos religiosos o hedonismo es que, aunque no quieran reconocerlo, como yo ante mi esposa cuando estoy al volante, están perdidos. Es más, ven que han perdido el rumbo y se sienten vacíos. ¿Por qué lo sé? Porque estamos hechos de la misma pasta. Mi antigua religiosidad era una carga pesada por intentar ser bueno y una frustración por no conseguirlo. Querer disfrutar de ciertos placeres como búsqueda de la felicidad era humo.


Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6)

Por eso te puedo asegurar que Jesús es el único camino de felicidad y salvación. La religión no ha hecho nada por ti, solo asfixiarte y tus deseos hedonistas de autocomplacencia te van a llevar, si no lo han hecho ya, a la más profunda oscuridad. Jesús sí puede llevarte por el camino seguro, porque solamente Él tiene la verdad verdadera y la vida en mayúsculas, que te guiarán por Su camino. Por medio de Su sacrificio de amor en una cruz puede salvarte si crees en Él, arrepintiéndote de tus pecados. Jesús desea librarte de tus caminos inciertos y mostrarte el que te llevará al cielo: ÉL.

¿A dónde te han llevado tus caminos?


¡QUE DIOS TE BENDIGA!