sábado, 10 de enero de 2015

Idioma Extraño

Es frustrante no ser entendido. Suele pasar si nadie de los presentes habla nuestro idioma, o, lo que es más frustrante aún, que hablemos el mismo idioma y que nadie nos comprenda. Esto último suele ser la queja de hijos y padres, esposas y esposos, empleados y jefes… ¡Mi padre no me entiende! ¡Lo que ocurre es que mi esposa habla otro idioma! ¡El director habla chino! Tópicos típicos que posiblemente escuchamos de vez en cuando de nuestros labios y de los labios de otros.

¿Por qué no entendéis mi modo de hablar? Porque no podéis aceptar mi palabra. (Juan 8:43)

El no ser entendido por los de su propia nación fue lo que a Jesús le causó los mayores problemas, desembocando en Su trágica muerte en la cruz. La ceguera de los contemporáneos de Jesús es la misma ceguera que sufren los que hoy siguen sin entender Su idioma. El por qué no lo entiende nos lo da el propio Jesús: “Porque no podéis aceptar mi palabra”. El idioma de Jesús se aprende con la aceptación, por nuestra parte, de la verdad que sale de Su boca.

¿Cuál es esa verdad?

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (Juan 8:12)

Querido lector, ¿puedes aceptar que Jesús es Dios? ¿Puedes aceptar que sin Jesús vives en la más densa oscuridad? ¿Puedes aceptar que Jesús es el Único que puede transformar tus tinieblas, dándote Su luz de la vida? Dios quiera que medites en ello y decidas aceptar las verdades del evangelio que Cristo vino a compartir con todos nosotros. Si no puedes aceptar lo que Jesús te ofrece amorosamente existe una seria advertencia que posiblemente también te suene a chino:

Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. (Juan 8:24)

Solo si aceptas que Jesús es todo lo que dijo ser morirás libre de pecado. El arrepentimiento de corazón, que reconoce cuan alejados hemos estado de Dios, y la fe puesta en Jesús y no en las cuestiones materiales de esta sociedad, nos librarán del seguro castigo de aquellos que rehúsan voluntariamente aceptar el mensaje de salvación de Cristo.

Aceptación es la clave.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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