Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 25 de abril de 2015

Vivir Para Morir

El pasado domingo mi pastor predicó sobre Eclesiastés. ¿Recordáis? “Nada hay nuevo bajo el sol”, “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. El caso es que en su prédica nos regaló una frase que impactó a muchos: “Vivimos para morir”. Sé que es recurrente en este blog el tema de la muerte, pero no el centro. Recordar que vamos a morir es la mejor forma de despertar a una realidad que está ahí y que muchos tratan de maquillar. “Se mueren los otros, yo no”, pero la realidad es que te vas a morir, igual que yo.

Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. (Hebreos 9:27)

La muerte, comentó mi pastor, es igualatoria. ¡Ciertísimo! Todos somos iguales ante la muerte porque nada hemos traído y nada nos llevaremos cuando partamos. Nacimos desnudos y nos iremos de igual forma. ¿Qué presentaremos cuando nos hallemos ante el juicio de Dios? ¡NADA! Porque nada llevaremos. Como decimos por estos lares: “estaremos en pelota picá”. ¡Desnuditos! Moriremos una vez y seremos enjuiciados una vez.

¿A qué se debe que esté establecido que muramos? Al hecho de que el pecado entró a formar parte de nuestra naturaleza por medio de desobedecer a Dios. Desde Adán y Eva todos quedamos gravemente heridos de muerte. No fue Dios quien nos maldijo sino nuestros actos. Dios simplemente fue justo con nuestras decisiones y cumplió con Su advertencia. Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás (Génesis 2:17). Si Dios no hubiese cumplido con Su sentencia no sería Dios, y mucho menos Justo. El delito debe ser castigado.

¿Cómo enfrentamos el juicio de Dios? He aquí el punto central de este mensaje. Morir, hemos de morir, por lo tanto, la forma en que vivimos dice mucho de lo que nos espera cuando estemos ante la presencia del Juez Justo, Jesucristo. Ante Él nadie tendrá excusas, nadie podrá sobornarlo, no servirá para nada regalarle tarjetitas black, tus influencias no servirán para nada… ¡Estarás desnudo ante Dios! Jesucristo vino para abrirnos la puerta que nos conduce al Cielo. Si rehúsas entrar por esa puerta tu muerte va a ser eterna. Así de simple y así de sencillo.

El amor de Dios demostrado en Jesucristo debe ser correspondido por cada una de nosotros por medio de una respuesta positiva, a lo que es lo mismo: arrepentimiento de la situación pecaminosa en la que nos encontramos y creer en Jesucristo como nuestro Salvador y Señor. Jesús pagó nuestros pecados al Padre muriendo en una cruz. Él entregó voluntariamente Su vida para rescatarnos, por consiguiente, si aceptamos su sacrificio seremos eternamente salvos y el juicio condenatorio de Dios no nos alcanzará. No rechaces la oportunidad porque tu vida está en juego.

Vivir o morir… tú mismo.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 18 de abril de 2015

¡Qué Pena!

Qué pena que eso que usted llama como "¡Qué bien luce que algún famoso ponga su rostro en cualquier evento!" sea totalmente incierto. He de mencionarle que Antonio Banderas (ya que es el que utiliza en la imagen), por ejemplo sale siempre en el submarino de la Virgen de la Esperanza (el submarino es aquella zona del trono en la que nadie puede verlo) y que eso lleva haciéndolo muchos años en compañía de su hermano. Curioso es también que siempre que sale con su cofradía de Lágrimas y Favores lo haga con el rostro totalmente cubierto, y es más, este año grabó un audio bellísimo para la Archicofradía de La Esperanza que le pusieron en la plaza de la Constitución y él no apareció por allí, para precisamente eso, dejarle el honor y el puesto de alabar lo que verdaderamente promueve la Semana Santa. Que le recuerdo es mucho más, es cultura, es ingreso para nuestra ciudad y es un honor que tenemos en España y que muchos países nos envidian.

Este comentario de alguien anónimo ha sido escrito en respuesta a Semana Santa 2015: Famosos. Ante todo, muchas gracias por el anónimo a la persona que lo ha escrito porque es la mejor forma de conocer el corazón del que escribe. Cabe decir que no ha sido mi intención malograr la imagen de mi paisano Antonio Banderas. Cada uno puede vivir su fe de la forma que quiera dado que un día tendremos que dar cuenta ante Dios, aunque habrá muchos que se darán cuenta de que han vivido sinceramente equivocados… y ya no habrá vuelta atrás. ¡Qué pena!

Veo en su comentario mucha tradición y nada del verdadero significado de la Semana Santa. Según usted la Semana Santa es mucho más. Ese más es cultura, economía, honor y, permítame decir, el dudoso honor que otros países nos envidien. ¡Qué pena que diga eso cuando Jesús no vino para crear tradiciones, cultura, llenar los bolsillos de nadie, y aún menos a dar honor a una nación por encima de Él! ¿Qué entendemos por evangelio? ¿Tradiciones humanas? ¿Dinero? ¿Farándula? El evangelio es una relación de amor con Dios por medio del sacrificio en la cruz de Jesucristo. Rebajarlo a tradiciones y cultura es menoscabar el verdadero sentir del cristianismo y de la Semana Santa. ¡Qué Pena!

La gloria, SEÑOR, no es para nosotros; no es para nosotros sino para tu nombre, por causa de tu amor y tu verdad. ¿Por qué tienen que decirnos las naciones: «¿Dónde está su Dios?» Nuestro Dios está en los cielos y puede hacer lo que le parezca. Pero sus ídolos son de oro y plata, producto de manos humanas. Tienen boca, pero no pueden hablar; ojos, pero no pueden ver; tienen oídos, pero no pueden oír; nariz, pero no pueden oler; tienen manos, pero no pueden palpar; pies, pero no pueden andar; ¡ni un solo sonido emite su garganta! Semejantes a ellos son sus hacedores, y todos los que confían en ellos. (Salmos 115:1-8)

La Biblia, Palabra de Dios, es clara.

¡Qué pena que muchos no entiendan!

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 11 de abril de 2015

Al Margen de la Ley

Una gran cantidad de personas viven al margen de la Ley establecida por Dios. Quizá, querido lector, te encuentres entre ellos. De esta forma viví yo imponiendo mis propias leyes a la carta, según me convenía. Queramos o no todos practicamos ciertas reglas o leyes que nos hacen actuar bien o mal, según qué baremo. Para ti puede estar mal alguna actuación mía, y viceversa, a mí me puede escandalizar alguna práctica tuya. Ahora bien, quién a qué es la medida de la verdadera Ley, la que todos deberíamos cumplir. El apóstol Pablo nos esclarece este punto en el siguiente párrafo extraído de la Biblia, la Palabra de Dios para nosotros.

De hecho, cuando los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Éstos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan. Así sucederá el día en que, por medio de Jesucristo, Dios juzgará los secretos de toda persona, como lo declara mi evangelio. (Romanos 2:14-16)

Hay ocasiones en las que los seres humanos cumplimos con los estándares de Dios, aunque lo hacemos involuntariamente porque esa Ley está escrita en lo más profundo del corazón. La evidencia es que nuestras conciencias nos acusan o dan la razón de la bondad o malicia de nuestras acciones o intenciones. Con todo, nos justificamos acallando la conciencia argumentando que somos buenos porque no hemos asesinado a nadie, no hemos robado lo ajeno… en fin, no somos malos como el vecino. Seguramente no hayamos llegado a hacer cosas aberrantes a los ojos humanos, pero a los ojos de Dios la cuestión cambia.

Cambia y mucho, porque un día Jesucristo juzgará “los secretos de toda persona”. ¿Por qué Jesucristo? Por la simple razón de que Él es el baremo de la Ley divina. Él, y solo Él, cumplió a rajatabla con las altas expectativas de la Ley de Dios. ¡No falló, o pecó, en ninguno de los puntos! Por esta razón, además, Jesús es el espejo en el cual mirarse para saber si estamos viviendo al margen de la Ley o nos guiamos por Ella. Quizá, solo quizá, seamos buenos comparados con otros, pero comparados con Cristo no llegamos ni de lejos. El pecado es más que matar o robar. El pecado también es mentir, adulterar, creerse mejor que los demás, en definitiva, hacer todo aquello que nuestra conciencia nos acusa haciéndonos sentir mal. La conciencia, bien usada, es un freno natural que nos impide, en algunas contadas ocasiones, no llegar más allá de nuestros deseos insanos. ¡Bendita conciencia!

A Dios gracias por Jesucristo que vivió dando ejemplo de lo que podríamos llegar a ser. Jesús nos conoce y por eso ve nuestra incapacidad, se compadece de nosotros y pone los medios para que podamos alcanzar el estándar de Dios. El estándar de Dios está a los pies del sacrificio de Cristo en la cruz. Cuando reconocemos que no damos la talla que Dios exige para ir al Cielo y le buscamos de corazón, Él nos pide que nos arrepintamos de nuestros pecados creyendo en Jesús. Por lo tanto, no es nuestra bondad, o hechos bondadosos, lo que nos salva del infierno, sino creer en Jesús, quien nos puede presentar ante Dios como buenos por Su sacrificio en favor nuestro.

Jesús es la Ley.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 4 de abril de 2015

Samana Santa 2015: Famosos

¡Qué bien luce que algún famoso ponga su rostro en cualquier evento! Esto viene ocurriendo desde hace muchos años en la Semana Santa malagueña. La imagen que se exporta a oriundos y extranjeros es motivadora para seguir con las tradiciones idolátricas de nuestro país, España. Si hay famosos que ponen su rostro y su hombro a la Semana Santa o Semana Mayor, como también se la denomina, debe ser aprovechado cuando menos para salir en la foto. A veces me parece todo esto simple oportunismo religioso y político. No pongo en tela de juicio las motivaciones de estos famosos que seguramente sean honorables. Lo que pongo en tela de juicio es que comprendan realmente qué significa para sus vidas la Semana Santa y cómo debe afectar a sus vidas el resto del año.


¡Jesús no tuvo ningún famoso a su lado cuando padeció en la cruz! Aunque fue acompañado por su madre y sus discípulos atravesó el calvario en la más oscura soledad. Su Padre, el mismo que lo envió a morir, se apartó de Él porque Jesús fue hecho pecado por nosotros. Ante la cruz estamos todos, anónimos y famosos, porque la cruz nos iguala a todos. La cruz nos hace ver la necesidad de salvación, la necesidad de amor y Aquel que trae la esperanza: ¡JESUCRISTO!

Y el centurión, que estaba frente a Jesús, al oír el grito y ver cómo murió, dijo:  — ¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios! (Marcos 15:39)

Dios quiera en esta Semana Santa abrir la mente y el corazón de todos aquellos que pasean por nuestras calles los ídolos de madera que no tienen vida y se vuelvan al Dios único y verdadero que les puede salvar, como hizo en su día con este que te escribe. Como el centurión romano experimentó sean abiertos los ojos espirituales y dejen los tronos y su parafernalia, tornándose a Cristo. Guardar tradiciones, darse golpes en el pecho, flagelarse, y un largo etcétera, no sirven de nada si no nos volvemos al Autor de la salvación que es Jesús. Jesús gritó a los cuatro vientos ¡CONSUMADO ES! Esto nos libra de tener que añadir a la salvación pues Cristo hizo todo lo necesario. ¡No podemos añadir ni una mota a la salvación!


Si crees, como tantos otros, que te estás ganando el Cielo poniendo tu rostro a la Semana Santa, tu hombro, tus rodillas en el suelo u otras penitencias, déjame decirte que no hacen falta. Haciendo esas cosas lo único que se demuestra es el desconocimiento abismal que tenemos en la obra de Jesús en la cruz. Solo necesitas darte cuenta de que Jesús verdaderamente es el Hijo de Dios que vino para rescatarte del infierno y llevarte al cielo, Su morada eterna. ¿Por qué? Porque te ama profundamente. Esta Semana santa deja a los ídolos muertos y vuélvete a Jesús que resucitó como demostración que la muerte se puede vencer. Arrepiéntete de tus pecados, cree en Jesucristo como Señor y Salvador comenzando desde ya a vivir según Sus parámetros enseñados en la Biblia.

¡El famoso es Jesús!


¡QUE DIOS TE BENDIGA!