Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 25 de julio de 2015

Fe X: Fe en el Universalismo

Décima entrega del interesante librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¡Que lo sigáis disfrutando!

8. FE EN EL UNIVERSALISMO

Una fe muy popular que mucha gente ha adoptado es la fe en el universalismo. Es la idea de que puesto que Dios es amor, no va a enviar a nadie al infierno. Creen que un Dios de amor nunca condenaría a ninguna de sus criaturas a la destrucción eterna. Según este punto de vista, todo el mundo a la larga va a pasar la eternidad con Dios.

Ahora bien, la Biblia sí enseña que Dios es amor (1 Juan 4:8,18). Nadie niega eso. Pero Dios también es un Dios de santidad (Levítico 11:44-45; 16:2; 20:7; 1 Pedro 1:16). Puesto que es santo, no puede ignorar el pecado. Debe juzgarlo. Debe castigar al pecador. La Biblia enseña que el que peca morirá (Ezequiel 18:4), y que la paga del pecado es la muerte (Romanos 6:23). Por tanto, tenemos que arreglar el problema de nuestro pecado. Es por eso que Dios, por amor, proporcionó un camino de salvación, como veremos en la siguiente sección.

¿Qué dice la Biblia?

Los siguientes versículos muestran que la fe en el universalismo es una fe equivocada:
Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. (Daniel 12:2)
Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. (Mateo 7:22-23)
El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Mateo 13:38-42)
Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. (Mateo 13:49-50)
Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna. (Mateo 25:41-46)
Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego. (Apocalipsis 20:12-15)


Los que proclaman un evangelio de amor sin hacer justicia a la enseñanza de la Biblia sobre la santidad de Dios puede que sean muy sinceros. De hecho, los humanistas, escapistas, ocultistas, místicos, sacramentalistas, legalistas, universalistas y los que creen en el yo puede que sean sinceros en lo que creen. Pero la sinceridad no es suficiente. Una persona puede estar sinceramente equivocada.

Resumen

Lo que está de moda hoy es la tolerancia. La idea se expresa de la siguiente manera: «Que la gente haga lo que quiera. De todas formas, lo que una persona cree no importa mucho. Lo importante es que sea feliz.» La gente que habla así comete un grave error. Hay una fe que es correcta y una fe equivocada.

Si se le deja solo, el ser humano pone su confianza en los objetos de fe errados. Ya examinamos algunos que son populares hoy día: el humanismo, el escapismo, el ocultismo, el misticismo, el sacramentalismo, el legalismo, el universalismo y la creencia en el yo. La Palabra de Dios nos muestra claramente que la fe que se pone en esos objetos terminará aplastada por las piedras del desengaño y la desesperación.[1]

El universalismo te diluye.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!




[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007

sábado, 18 de julio de 2015

Fe IX: Fe en el Yo

Novena entrega del interesante librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¿Cuál es tu fe?

7. FE EN EL YO

Una séptima fe errada para la gente de hoy es una amplia categoría que se puede denominar «el yo». Puede tener varias etiquetas distintas: «pensamiento positivo», «pensamiento sobre la posibilidad», «pensamiento de la Nueva Era», o «sanidad holística».



Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. (Mateo 16:24)

Triste es decirlo, pero algunas personas que afirman ser evangélicas han caído en alguna forma de «yoísmo». Aunque se refieren a un Dios personal en vez de a un Dios impersonal o fuerza que todo lo llena, parecen abogar por el mismo método de llegar a ese Dios. Nos dicen que podemos usar la fuerza de nuestro intelecto, con ayuda divina, para eliminar todos los pensamientos negativos de nuestras mentes. Dicen que los pensamientos opresores del pecado y el mal arruinan nuestra autoestima y nos llevan a fracasar. Un popular portavoz de ese grupo escribió:

Creo que lo más destructivo que se ha hecho a la personalidad humana, y por ende, contraproducente a la empresa evangélica, en nombre de Cristo y bajo el estandarte del cristianismo, es la estrategia a menudo ruda, grosera y no cristiana de intentar hacer que la gente sea consciente de su condición perdida y pecaminosa (revista Time, marzo de 1985, p. 70).

La influencia de este hombre está muy extendida. Muchas personas lo están siguiendo y están predicando un evangelio de riqueza, prosperidad y éxito. Al centrar sus pensamientos en lo positivo y obligarse a eliminar todo pensamiento negativo, se esfuerzan por alcanzar una felicidad personal y espiritual a través del éxito. La Palabra de Dios nos muestra claramente que la fe que se pone en esos objetos terminará aplastada por las piedras del desengaño y la desesperación.

Puede que no se den cuenta, pero en realidad, el objeto de su fe es su propio poder para negar lo negativo. Hablan de la oración como una llave que abre poderes desconocidos que residen dentro de ellos. Hacen hincapié en la necesidad de la autoestima, y ven el pensamiento positivo y la oración positiva como medios por medio de los cuales pueden manipular a Dios para que les conceda el éxito.

Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores (1ª Timoteo 1:15)

¡Qué contrario a la enseñanza de la Biblia! Pablo instruyó a todos los cristianos a estimar «cada uno a los demás como superiores a él mismo» (Filipenses 2:3). Recordó a Timoteo que «Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores» (1 Timoteo 1:15). Toda forma de creencia en el yo —desde el panteísmo de la Nueva Era al pseudoevangélico pensamiento positivo—representa una fe que no agrada a Dios.

¿Qué dice la Biblia?

Los siguientes versículos muestran que la fe en el yo es una fe errada:

No te jactes de ti mismo; que sean otros los que te alaben. (Proverbios 27:2)

En efecto, todo esto le sucedió al rey Nabucodonosor. Doce meses después, mientras daba un paseo por la terraza del palacio real de Babilonia, exclamó: « ¡Miren la gran Babilonia que he construido como capital del reino! ¡La he construido con mi gran poder, para mi propia honra!» No había terminado de hablar cuando, desde el cielo, se escuchó una voz que decía: «Éste es el decreto en cuanto a ti, rey Nabucodonosor. Tu autoridad real se te ha quitado. Serás apartado de la gente y vivirás entre los animales salvajes; comerás pasto como el ganado, y siete años transcurrirán hasta que reconozcas que el Altísimo es el soberano de todos los reinos del mundo, y que se los entrega a quien él quiere.» Y al instante se cumplió lo anunciado a Nabucodonosor. Lo separaron de la gente, y comió pasto como el ganado. Su cuerpo se empapó con el rocío del cielo, y hasta el pelo y las uñas le crecieron como plumas y garras de águila. Pasado ese tiempo yo, Nabucodonosor, elevé los ojos al cielo, y recobré el juicio. Entonces alabé al Altísimo; honré y glorifiqué al que vive para siempre: Su dominio es eterno; su reino permanece para siempre. Ninguno de los pueblos de la tierra merece ser tomado en cuenta. Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos. Recobré el juicio, y al momento me fueron devueltos la honra, el esplendor y la gloria de mi reino. Mis consejeros y cortesanos vinieron a buscarme, y me fue devuelto el trono. ¡Llegué a ser más poderoso que antes! Por eso yo, Nabucodonosor, alabo, exalto y glorifico al Rey del cielo, porque siempre procede con rectitud y justicia, y es capaz de humillar a los soberbios. (Daniel 4:28-37)

Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Si alguien quiere ser mi discípulo, tiene que negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme. (Mateo 16:24)

Todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. (Lucas 14:11)

El que se apega a su vida la pierde; en cambio, el que aborrece su vida en este mundo, la conserva para la vida eterna. (Juan 12:25)

Por la gracia que se me ha dado, les digo a todos ustedes: Nadie tenga un concepto de sí más alto que el que debe tener, sino más bien piense de sí mismo con moderación, según la medida de fe que Dios le haya dado. (Romanos 12:3)

Que nadie busque sus propios intereses sino los del prójimo. (1 Corintios 10:24)

Más bien, «Si alguien ha de gloriarse, que se gloríe en el Señor». Porque no es aprobado el que se recomienda a sí mismo sino aquel a quien recomienda el Señor. (2 Corintios 10:17-18)

Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser piadosos, pero su conducta desmentirá el poder de la piedad. ¡Con esa gente ni te metas! (2 Timoteo 3:1-5)[1]

El yoísmo es un mal "royo".

¡QUE DIOS TE BENDIGA!




[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007

sábado, 11 de julio de 2015

Fe VIII: Fe en el Legalismo

Esta es la octava entrega del interesante librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¿Qué fe sigues?

6. FE EN EL LEGALISMO

Un sexto objeto de fe falso para mucha gente son sus propias buenas obras. A la gente le gusta pensar que puede agradar a Dios con sus propios esfuerzos. Puede ser algo tan sencillo como dejar de fumar, o tan sacrificatorio como regalarlo todo. Algunas personas creen que si cumplen con una larga lista de restricciones van a impresionar a Dios con su sinceridad. En cualquier caso, el legalismo es una religión de logros humanos. Es cuando el hombre trata de ganar su salvación por lo que hace.

Los fariseos eran extremadamente legalistas. Añadieron cientos de regulaciones minuciosas a la ley mosaica y trataron de conseguir que otros vivieran conforme a las mismas. Al mismo tiempo, estaban tremendamente orgullosos de la justicia que creían haber ganado debido a su meticulosa obediencia a todas las regulaciones. Pero Jesús los censuró firmemente. Los reprendió públicamente por dar más importancia a sus leyes y regulaciones que a la gente. Les mostró que Dios recibe a los pecadores que acuden a Él humildemente, pero rechaza a los orgullosos que ponen su confianza en sus buenas obras.

Algunos conversos a la fe cristiana de la iglesia primitiva, todavía influenciados por sus antecedentes en el judaísmo, pensaban que los apóstoles debían requerir la circuncisión de los creyentes gentiles: Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. (Hechos 15:1). Otros pensaban que la salvación seguía vinculada a las observancias de las regulaciones dietéticas judías. Sin embargo, el concilio de la iglesia, bajo el liderazgo de Santiago, dijo claramente que no debía imponerse reglas legalistas a los creyentes gentiles. Y el apóstol Pablo reprendió repetidamente a los que estaban tratando de mezclar la observancia de la ley con el evangelio de la gracia de Dios. En Colosenses 2:16-17 escribió:
«Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo»
(Véanse también Romanos 14; Gálatas 1-3).

¿Qué dice la Biblia?

Los siguientes versículos muestran que la fe en el legalismo es una fe equivocada:
Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas: nuestras iniquidades nos arrastran como el viento. (Isaías 64:6) 
Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos: «Los maestros de la ley y los fariseos tienen la responsabilidad de interpretar a Moisés. Así que ustedes deben obedecerlos y hacer todo lo que les digan. Pero no hagan lo que hacen ellos, porque no practican lo que predican. Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas. »Todo lo hacen para que la gente los vea: Usan filacterias grandes y adornan sus ropas con borlas vistosas; se mueren por el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y porque la gente los salude en las plazas y los llame “Rabí”. » Pero no permitan que a ustedes se les llame “Rabí”, porque tienen un solo Maestro y todos ustedes son hermanos. Y no llamen “padre” a nadie en la tierra, porque ustedes tienen un solo Padre, y él está en el cielo. Ni permitan que los llamen “maestro”, porque tienen un solo Maestro, el Cristo. El más importante entre ustedes será siervo de los demás. Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Les cierran a los demás el reino de los cielos, y ni entran ustedes ni dejan entrar a los que intentan hacerlo. -- » ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Recorren tierra y mar para ganar un solo adepto, y cuando lo han logrado lo hacen dos veces más merecedor del infierno  que ustedes.» ¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: “Si alguien jura por el templo, no significa nada; pero si jura por el oro del templo, queda obligado por su juramento.” ¡Ciegos insensatos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo que hace sagrado al oro? También dicen ustedes: “Si alguien jura por el altar, no significa nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado por su juramento.” ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Por tanto, el que jura por el altar, jura no sólo por el altar sino por todo lo que está sobre él. El que jura por el templo, jura no sólo por el templo sino por quien habita en él. Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que lo ocupa. » ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos! Cuelan el mosquito pero se tragan el camello.» ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera.» ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.» ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Construyen sepulcros para los profetas y adornan los monumentos de los justos. Y dicen: “Si hubiéramos vivido nosotros en los días de nuestros antepasados, no habríamos sido cómplices de ellos para derramar la sangre de los profetas.” Pero así quedan implicados ustedes al declararse descendientes de los que asesinaron a los profetas. ¡Completen de una vez por todas lo que sus antepasados comenzaron!»¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparán ustedes de la condenación del infierno? Por eso yo les voy a enviar profetas, sabios y maestros. A algunos de ellos ustedes los matarán y crucificarán; a otros los azotarán en sus sinagogas y los perseguirán de pueblo en pueblo. Así recaerá sobre ustedes la culpa de toda la sangre justa que ha sido derramada sobre la tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la de Zacarías, hijo de Berequías, a quien ustedes asesinaron entre el santuario y el altar de los sacrificios. Les aseguro que todo esto vendrá sobre esta generación.  (Mateo 23:1-36) 
Sin embargo, al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por estas nadie será justificado. (Gálatas 2:16) 
Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes[a] y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud. (Gálatas 5:1) 
Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. (Efesios 2:8-9) 
Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. (Filipenses 3:8-9) 
 Así que nadie los juzgue a ustedes por lo que comen o beben, o con respecto a días de fiesta religiosa, de luna nueva o de reposo. (Colosenses 2:16) 
…nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo… (Tito 3:5)[1]


El legalismo te miente.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!



[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007


sábado, 4 de julio de 2015

Fe VII: Fe en el Sacramentalismo

Esta es la séptima entrega del interesante librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¿Qué fe sigues?

5. FE EN EL SACRAMENTALISMO

Un quinto objeto de fe para un número cada vez mayor de personas es el sacramentalismo. Estas personas creen que al participar en una serie de rituales religiosos reciben la gracia de Dios. Hablan de los sacramentos como «símbolos visibles de la gracia invisible». El sacramentalismo surgió en la Edad Media y fue desarrollado por los escolásticos. Tomás de Aquino dijo que los sacramentos tienen virtud en sí mismos. Por tanto, son vistos como canales de gracia y son administrados por un sacerdote. El participante recibe justicia cuando los usa.

LOS SIETE SACRAMENTOS

1. El bautismo: se piensa que es la puerta al reino de Dios y a los demás sacramentos.

2. La confirmación: se piensa que completa lo que el bautismo empieza y que confiere gracia con una fuerza cada vez mayor.

3. La eucaristía: se cree que confiere el alimento de la vida espiritual en el cuerpo y la sangre de Cristo.

4. La penitencia: se dice que quita la culpa del pecado diario así como el bautismo quita la culpa del pecado original.

5. La extrema unción: se dice que sana el alma de pecados que no son remitidos por la penitencia.

6. El sacerdocio: se dice que da a una persona el poder para administrar los sacramentos.

7. El matrimonio: se piensa que hace perpetua la unión entre un hombre y una mujer y la pone en armonía con la imagen de Cristo y la Iglesia.

La Iglesia ha practicado desde hace mucho tiempo dos ordenanzas: el bautismo y la Cena del Señor, como lo ordena la Biblia. Probablemente era inevitable que por error algunos dieran a estas ordenanzas el mismo poder espiritual que tiene la Palabra de Dios escrita. La Iglesia Católica Romana les dio una fuerza sacramental y añadió otras cinco: la confirmación, la penitencia, la extrema unción, el sacerdocio y el matrimonio.

Sin embargo, la Biblia nos enseña que la salvación es sólo por gracia por medio de la fe. Pablo declaró:

«Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (Romanos 5:1).

Además escribió:

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8,9).

La idea de que los sacramentos nos transmiten la gracia de Dios no se halla en el Nuevo Testamento. El bautismo se presenta claramente como símbolo de nuestra unión con Jesucristo por medio de la fe (Romanos 6:1-5), y la Cena del Señor es sencillamente un recordatorio (Lucas 22:19; 1 Corintios 11:23-34).


¿Qué dice la Biblia?

Los siguientes versículos muestran que la fe en el sacramentalismo es una fe equivocada:

« ¿De qué me sirven sus muchos sacrificios? —dice el SEÑOR—. Harto estoy de holocaustos de carneros y de la grasa de animales engordados; la sangre de toros, corderos y cabras no me complace. ¿Por qué vienen a presentarse ante mí? ¿Quién les mandó traer animales para que pisotearan mis atrios? No me sigan trayendo vanas ofrendas; el incienso es para mí una abominación. Luna nueva, día de reposo, asambleas convocadas; ¡no soporto que con su adoración me ofendan! Yo aborrezco sus lunas nuevas y festividades; se me han vuelto una carga que estoy cansado de soportar. Cuando levantan sus manos, yo aparto de ustedes mis ojos; aunque multipliquen sus oraciones, no las escucharé, pues tienen las manos llenas de sangre.  (Isaías 1:11-15)

 ¿De qué me sirve este incienso que llega de Sabá, o la caña dulce de un país lejano? Sus holocaustos no me gustan; sus sacrificios no me agradan.» (Jeremías 6:20)

 Me han ofrecido sacrificios y ofrendas, y se han comido la carne, pero eso a mí no me agrada. Voy ahora a tomar en cuenta sus perversidades, y castigaré sus pecados; ¡y tendrán que regresar a Egipto! (Oseas 8:13)

 Amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más importante que todos los holocaustos y sacrificios. (Marcos 12:33)[1]

El sacramentalismo te esclaviza.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!



[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007