Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 26 de septiembre de 2015

¿Qué Hay Que Creer Para Ser Salvo?

Hoy os presento en forma de vídeo el mensaje del evangelio. Está expresado magistralmente por el que, a mi manera de entender, es una de los predicadores más destacados de hoy, John Piper.


Pecado, Dios, Cruz y Fe.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 19 de septiembre de 2015

¿En Qué Momento Murió?

“Más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.” Génesis 2:17

Según la Biblia, Adán vivió 930 años, pero aún después de tan larga vida, llegó el día de su muerte de acuerdo con la cita bíblica anterior. Pero si lo vemos de manera más profunda, podríamos preguntarnos ¿cuál fue el día en que verdaderamente murió Adán?

A continuación una historia que nos ayudará a responder.

Una mañana Carla, estaba caminando por su jardín, disfrutando del colorido y los aromas que el mismo le brindaba. Pensando en sorprender a su madre, cortó una rosa del jardín, y la puso en un florero. Era un magnífico ejemplar, una rosa fresca y perfumada. Carla la cuidaba y la rociaba diariamente con esmero.

Poco después los primeros pétalos comenzaron a encresparse en el borde; más tarde uno se cayó, pero la rosa seguía siendo hermosa y vistosa. Un tiempo después, cayó otro pétalo y otro, hasta que llegó el momento en que solo quedó el tallo, mostrando en su aspecto que ya no había en él ningún indicio de vida.

Entonces Carla, ante ese panorama se preguntó: ¿En qué momento murió la rosa? ¿Cuándo se secó? ¿Cuándo cayó el primer pétalo? ¿Cuándo comenzó a rizarse? ¿Ya estaba muerta cuando la niña la veía tan hermosa? Sin duda, la rosa murió antes, en el preciso instante en que las manos de Carla la separaron del rosal y de la savia vital.

Lo mismo ocurrió con el ser humano. Si bien Adán no murió físicamente al momento de transgredir el mandamiento divino, sin embargo, murió espiritualmente al haber pecado, lo cual trae separación con Dios y muerte.

Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. (Romanos 5:12)

No dejes, que al igual que la rosa, nos aparten de la única fuente de vida que nos mantiene de pie. No permitas que el pecado y la rebeldía te aparten de Dios, serías como la rosa, una vez que ya fue cortada.

Es por esta razón que Dios mandó a su hijo para que podamos tener una nueva oportunidad y que cada creyente reciba una vida nueva y eterna por su misericordia.



Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. (Efesios 2:1)

José Aracil Belda

Vivimos muriendo.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 12 de septiembre de 2015

No Estoy de Moda

Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. (Juan 1:11)

El cristianismo verdadero no está de moda. Realmente nunca lo estuvo. La muestra de ello es que Cristo, el promotor del cristianismo, no fue bien recibido, y la historia, como la mayoría conoce, acabo en muerte, la muerte de Jesús.


La gran mayoría de los conocidos apóstoles acabaron como el Maestro de Galilea, sufriendo el martirio hasta la muerte. Ellos, al igual que Cristo, pagaron las consecuencias de no seguir los parámetros al uso de la sociedad donde les tocó vivir: no estaban a la moda.



A lo largo y ancho de la historia ha sufrido el cristianismo la persecución por parte de aquellos que ya fueron anunciados por Jesús, cuando nos advirtió a sus discípulos: Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. (Juan 15:20)

Hoy día las cifras de persecución a los discípulos de Jesús es tan escandalosa que se hace, como siempre, pasar desapercibida ante los medios de comunicación. Se prefiere, a todas luces, dar prioridad a las fiestas del orgullo gay y al “derecho” al asesinato masivo de niños indefensos en el seno de sus madres en pro, dicen, de una sociedad más justa…

Vino a lo que era suyo, pero los suyos no lo recibieron. (Juan 1:11)

Pero Jesús vino a pesar de saber todo lo que ocurriría con Él y Sus discípulos. Jesús vino. Él vino a lo que era suyo, es decir, a traer el mensaje de esperanza: LA RECONCILIACIÓN CON DIOS y vino a los suyos. Los suyos, Su propio pueblo y nación lo rechazaron, pero ahí no acabó la cosa. Jesús nos tenía en mente a ti y a mí.


Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. (Juan 1:12)

El alto precio de ser discípulo de Jesús, que muchos han pagado con sufrimiento y hasta pérdida de la vida, es infinitamente recompensado por el derecho adquirido de ser hijos de Dios, por medio de Aquél que lo ganó en la cruz: JESUCRISTO. La vida es una mota de polvo en comparación con la eternidad. ¿Te merece la pena vivir por algo que se va a quedar aquí? Yo elijo trabajar para lo que no va a pasar de moda en la eternidad, con Jesús y mis hermanos de todos los tiempos.

Tú moda pasará.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 5 de septiembre de 2015

Fe XVI: Ahora Tengo la Fe Correcta

Dieciseisava y última entrega del interesante librito ¿Tendré la fe correcta? Del ministerio RBC. ¡Espero que os haya servido para poner vuestra fe en Jesús!

AHORA TENGO LA FE CORRECTA
Por Betty Kwekel, contado a David C. Egner

Hace dos años yo no era cristiana. Mi vida estaba vacía y por dentro me sentía hueca. Me había visto obligada a admitir ante mí misma que las cosas en las que estaba confiando no me daban lo que prometían. Tenía problemas y lo sabía.



Me criaron en un hogar muy religioso. Íbamos a la iglesia dos veces los domingos sin falta y orábamos antes de cada comida. Yo recitaba el Padre Nuestro todos los domingos en la mañana junto con el ministro, asistía a clases de catecismo y memorizaba versículos bíblicos. Todo lo que hacíamos en nuestra casa estaba influenciado por la religión.

Mis padres me enviaron a un colegio cristiano. Allí me leían la Biblia y me la enseñaban, y algunos de mis maestros hasta advertían a mis compañeros de clase y a mí sobre el peligro de desobedecer a Dios. Pero yo no me preocupaba porque estaba confiando en la dedicación religiosa de mis padres. Sin embargo, interiormente comencé a rebelarme.



La semana que me gradué de la secundaria, a los 17 años de edad, me independicé. Sentía que no necesitaba a mi familia ni su religión, por eso lo hice. Durante los años siguientes, confié en mí y en mi propia capacidad para hacerme feliz. Iba a vivir mi propia vida y lo iba a hacer a mi manera. Creía que no necesitaba nada ni nadie además de mí misma.

Mi vida cayó en una rutina: trabajo durante el día y fiestas por la noche. Bebía regularmente, a veces mucho, e incluso fumé un poco de marihuana para hacer todo lo que mis amigos decían que debía hacer para vivir «la buena vida». Buscaba diversión constantemente y no me importaba lo que la gente pensara al respecto ni lo que sentía.

Pero poco a poco, después de varios años, empecé a darme cuenta de que no iba a ninguna parte. Aunque mi vida era plena por fuera, por dentro estaba vacía. Se suponía que fuera feliz, pero estaba muy lejos de serlo. Mi patrón de trabajo y diversión se había convertido en algo sin sentido y deprimente, por eso comencé a pensar en cosas más serias.

Empecé a asistir a una iglesia grande cerca de donde vivía, y allí me hice amiga de una joven pareja. Ellos me invitaron a comer a su casa y realmente parecieron aceptarme como era. Amable y pacientemente me apremiaron a confiar en Cristo como Salvador. No tuvieron que decirme que las cosas en las que había estado confiando eran falsas. Yo ya lo sabía.

Llegó el día cuando me di cuenta de que no podía hacerlo sola. Por eso acudí al Señor Jesucristo por fe y le pedí que me salvara. Él llenó el vacío que había en mi vida. Aunque sé que lo he decepcionado a veces, he estado creciendo espiritualmente desde entonces. Fue la decisión más importante de mi vida. Ahora sé que tengo la fe correcta.

VERIFIQUE SU FE

En este librito hemos estado hablando de tener la fe correcta. Tome un momento para evaluar su propia fe colocando una marca en los cuadritos adecuados.

  • Mi fe no está puesta en mi propia capacidad de controlar mi destino.
  • Mi fe no está puesta en mi buen nombre y buen vivir. 
  • Mi fe no está puesta en mi iglesia ni sus ceremonias. 
  • Mi fe no está puesta en mi capacidad de mejorarme a mí mismo. 
  • Mi fe no está puesta en mi capacidad de sacar todos los pensamientos negativos de mi vida.
  • Mi fe no está puesta en mi propia sinceridad. 
Mi fe no está puesta en mi poder de utilizar recursos divinos internos. 
  • Mi fe está puesta en Jesucristo.
Recuerde, cuando se trata de su propio destino eterno, es esencial que confíe en la persona correcta. Si ha colocado su fe en Jesucristo puede saber que tiene la fe correcta.[1]

La fe correcta está en Jesús.

¡QUE DIOS TE BENDIGA!




[1] Varios autores, ¿Tendré la fe correcta?, Ministerios RBC, Grand Rapids, Michigan 2007