Porque de tal manera amó Dios al mundo,
que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquel que en Él cree, no se pierda,
mas tenga vida eterna. Juan 3:16.

sábado, 27 de agosto de 2016

Pokemon Go

El furor que provoca en las masas Pokemon Go es más que evidente: te lo cargas en el móvil y a la caza del Pokemon. Ver como literalmente multitudes van detrás de atraparlos hace pensar lo fácil que es mover a las masas con una simple zanahoria atada al extremo de un palo. Lo triste es que la multitud no son burros sino personas que están llenando sus vidas por medio de divertimentos que llenan sus vidas efímeramente y a la espera de que otros hagan algo novedoso vuelva a llenar con nuevos pasatiempos sus, al parecer, vidas vacías. 

Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. (Mateo 9:36)

Jesús hubiera dicho lo anterior al ver la multitud de cazadores de Pokemon de Japón y otras partes del mundo. Sí las multitudes están desamparadas, o lo que es lo mismo, desatendidas en lo que realmente es necesario. Igualmente las multitudes están dispersas (aunque se las vea muy juntas “a la caza del pokemon). Cada cual persigue llenarse para dar sentido a su vida pero lo hacen sin nadie que realmente los guíe a buenos pastos, como lo haría un pastor con su rebaño. Somos como ovejas que no tienen pastor y Jesús tiene compasión por nosotros. 

Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. (Juan 10:11)

Jesús no persigue un beneficio económico al tratar con cada uno de nosotros. Él tiene todas las riquezas del universo. Tampoco persigue la fama porque es el creador de todo lo que existe. Jesucristo se sabe el buen pastor porque dio Su vida por las ovejas, nosotros. Créeme si te digo que los creadores de Pokemon Go no están dispuestos a dar sus vidas por las personas que les siguen yendo tras sus muñequitos virtuales. Es todo lo contrario, las multitudes van tras esos creadores llenando sus bolsillos y elevándolos al altar de la fama. 

Realmente Jesús sabe lo que necesitas pues tu vida la diseñó para algo más importante e interesante que cazar pokemons. No estoy contra la diversión. Estoy en contra de desperdiciar la vida en todo aquello que no merece la pena. Jesús te da la opción de invertir tu vida en aquello que perdura, lo eterno. Él dio Su vida en una cruz por amor a ti para que tuvieras la oportunidad de reconciliarte con Dios, arrepentirte de tus pecados e ir al Cielo. Eso es algo que no te puede facilitar la caza del Pokemon. 

Ve tras Jesús. 


¡QUE DIOS TE BENDIGA!            

sábado, 20 de agosto de 2016

Maleducados

Entré a comprar en la tienda regentada por chinos del barrio en que vivo. La escena que presencié junto a otros clientes fue humillante. Varios jovencitos maleducados se mofaban abiertamente de los dueños del comercio por medio de imitar burlescamente su acento, preguntar reiteradamente sobre los precios, como si aquello fuese un mercado donde se pudiesen regatear los precios y mostrarse “gallitos”. La escena fue absolutamente vergonzosa. Si crees que los absolutos no existen te acabo de demostrar que sí existen. Ya estamos “beneficiándonos” del fruto de la asignatura de educación para la ciudadanía. Los que implantaron esta asignatura se deben estar preguntando, perplejos: ¿Qué ha podido fallar en tal iniciativa? Creo que mejor hubiese sido implantar la asignatura de economía doméstica de los estadounidenses, que tanta gracia nos hace cuando la oímos en las pelis. 

Cuando me tocó el turno en la cola no pude más que decir a la dependienta: “No todos los españoles somos así”. Algunos de los presentes asintieron verbalmente a la afirmación. Pero claro, ¡todo va bien! Intentamos cambiar la economía, sanear la política, ajusticiar al que lo merece, educar para el bien común… y no funciona. La mayoría de los esfuerzos terminan por corromperse o por extinguirse en las aguas de la incomprensión. Somos espectadores de primera fila del mal reinante y muchos miran hacia otro lado. “De mientras que no me afecte…”, es la filosofía de vida reinante. ¡No todos somos así! 

Alguno puede pensar que estoy siendo muy pesimista y le doy toda la razón. La evidencia de lo que vemos no da para más. Otra cuestión es apartar la mirada, como ya se dijo antes. Pero ¿adónde quiero llegar? Es fácil, ¡EL PECADO EXISTE! Los pensamientos y acciones malas son el pan nuestro de cada día. Llámalas como quieras. Justifícalas como quieras. Al final el fruto es el mismo: maldad. No pongo en duda las buenas acciones diarias de personas bienintencionadas, como tampoco dudo de que esas mismas personas pequen. 

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Dios cargó en él (Jesús) el pecado de todos nosotros. (Isaías 53:6)

Descarriarse es salirse del carril trazado por Dios en Su Ley. Todos nos salimos del camino y cada uno se fue por donde mejor le pareció, sin contar con Dios. Si alguna vez has mentido, robado, adulterado, envidiado… eres culpable de pecado. Estás bajo el juicio de Dios y un día pagarás por ello. Todos pagaremos si no solucionamos el descarrío evidente. Cuanto más una nación se aparta de la obediencia a los preceptos divinos, tanto más corrompida, libertina e injusta se muestra. ¿Ves la evidencia a tu alrededor o apartas la vista? 

El pecado no puedes quitártelo por ti mismo: Aunque te laves con lejía, y amontones jabón sobre ti, la mancha de tu pecado permanecerá aún delante de mí, dijo el Señor. (Jeremías 2:22). Nada de lo que puedas hacer arregla la situación de pecado y culpa ante Dios. De manos de Dios, el que ha sido agraviado por nuestros pecados, ha salido la solución, la única solución: JESUCRISTO. Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. (Romanos 10:9). Confesar con tu boca (intelecto) y creer en el corazón (sentimientos), es decir, de forma integral en Jesús es lo único que te puede liberar del pecado. Jesús pagó en una cruz la deuda a Dios por cada pecado pasado, presente y futuro que cometiste, cometes y cometerás. Tan solo tienes que creer con todo tu ser y serás hecho hijo de Dios el cual te educará para que llegues a ser la persona que Él soñó que fueses y no lo que una voluble sociedad espera extraer de ti. 

Vuelve tu mirada a Jesús. 


¡QUE DIOS TE BENDIGA! 

sábado, 13 de agosto de 2016

Basura al Suelo

Me encontraba caminando por la calle hacia mi casa. De repente escuché un crepitar que me sonaba reconocible. ¡Exacto! Era ese tipo de plástico con burbujitas que a todos gusta apretar para oír el sonido cuando estallan. El transeúnte que iba delante hacía sonar el plástico en su mano derecha. Sin más, se ve que se cansó de aplastar burbujas, tiró la bola de plástico al suelo. Me indignó tal actitud y, no corto ni perezoso, me agaché y recogí el plástico del suelo.

El transeúnte me escuchó decir: “Ya que no lo tira a la basura, lo tiraré yo”. A partir de ahí se inició un casi monólogo por parte del transgresor lleno de auto justificación. “¿Qué? Te dedicas a recoger lo que todos tiran”. “¿No ves coma está la cera?”. “¡Todos tiran la basura al suelo!”. “¡El suelo está lleno de caca de perro!”. “El plástico no tiene importancia ya que no ensucia”. Entre justificación y justificación intentaba explicarle con frases cortas que las cosas se hacen porque están bien, sin importar lo que hagan los demás. Este transeúnte tenía la costumbre de Vicente que va donde va la gente. Otro punto patético del caso es que a pocos metros había un contenedor para reciclar el plástico. Lo metí ahí y adiós, muy buenas. Él se metió en su portal (casi enfrente del contenedor) y yo seguí hacia mi casa.

Y oyeron la voz de Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Dios entre los árboles del huerto. (Génesis 3:8)

Es que cuando somos pillados infraganti en un delito todos tendemos a escondernos. La huída, agresión o justificación son meros escondrijos de la vergüenza que nos causa el pecado al ser sacado a la luz. Algunos catalogan el pecado en venial y mortal y otros piensan que el pecado no existe. La verdad sobre el asunto está en Dios y se refleja en cada una de nuestras efímeras vidas. Pecar es ir en contra de la Ley de Dios y el reflejo de ello es que hacemos lo que nos da la gana, hasta el punto de imitar en pequeños gestos la maldad de otros (véase el ejemplo funesto del transeúnte).

El acto y deseo de justificar el pecado es una razón más para creer que Dios tiene razón y ha puesto en cada uno la conciencia que nos acusa cuando algo está mal. El gran problema es que muchos tienen su conciencia cauterizada por tanto mal cometido que se transformarían en Hitler a la más mínima oportunidad. Jesús trajo la solución. Él vino a nosotros a justificarnos eternamente. Por medio de Su sacrificio en una cruz pagó por todos nuestros pecados con el fin de que tengamos la oportunidad de ser justificados delante de Dios. Querido lector, tienes la increíble oportunidad de ser justo si crees en Jesús con fe y reconoces tus pecados delante de Dios en arrepentimiento. No desaproveches la oportunidad pues hay otra realidad: el infierno para aquellos que rechazan a Cristo.

El pecado es basura.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

sábado, 6 de agosto de 2016

Frente al Espejo

Todos de alguna forma creemos o hemos creído que la solución de los problemas de la humanidad pasa por una justicia social justa que reparta por igual los recursos a cada persona. Además, con los tiempos que corren, la libertad para hacer todo aquello que las mayorías deciden es un aspecto a destacar. Por lo tanto, justicia social y libertad de acción son los paradigmas que cada uno demanda para que todo se solucione.

Jesús no vino a proponer que la justicia social sería la clave para vivir en paz. Jesús tampoco proclamó que la opinión de las mayorías resolvería nada en el camino a la libertad, más bien nos está llevando al libertinaje. Todo vale con tal de que me guste. Jesús propuso que nos pusiésemos frente al espejo y de esa forma ver qué imagen se reflejaba.

Sí, querido lector, la imagen reflejada en el espejo es la tuya y la mía. Jesús nos confronta con nosotros mismos. Lo fácil es mirar alrededor y encontrar los culpables en nuestro entorno. “Si no me hubieran hecho tal cosa…”, “si mi esposa fuese diferente…”, “si mis jefes…”, “si mis vecinos…”, “si el gobierno…”, “si no fuese por este calor…”, “si…”, “si…”… Todo con tal de no echar una ojeadita al espejo… no el mágico de pacotilla… sino al que nos hace ver quiénes somos realmente: la Biblia.

Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. (Juan 21:20-22)

La escena anterior puede que nos resulte conocida debido a la actitud de Pedro de “preocuparse” por los demás aparentando preocupación. Lo que Pedro denotaba con su pregunta era lo que muchos dicen: “Los demás necesitan ayuda, yo no”. ¿Lo has dicho, pensado o sentido en alguna ocasión? Si eres sincero contigo mismo, ahora que nadie te ve, responderás que lo dijiste, pensaste o sentiste en alguna ocasión.

Jesús te pregunta: “¿Qué más te da? Sígueme y no te preocupes por los otros sin un interés real”. Jesús vino a restaurar a cada persona que se mire en el espejo y se dé cuenta de la necesidad imperiosa de cambio. Esconderse bajo el típico “yo no robo, yo no mato, yo soy bueno, yo…, yo…” solo sirve para alargar más la situación de separación eterna de Dios que tienen todos aquellos que no creen en Jesús.

Jesús vino a salvarte a ti por medio de Su muerte en una cruz como pago frente a la deuda que contrajiste con el mismo Dios, por haber pecado contra Él. No sigas más mirando a tu alrededor. El espejo te refleja a ti. Tú eres el que necesita cambiar por medio de Jesús. No esperes más y deja que Jesucristo sea tu espejo.

Jesús quiere arreglarte a ti.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!