sábado, 8 de julio de 2017

Quijotes y Sanchos

Hoy día cada cual tira de la manta para sí. Esta actitud denota claramente dos cuestiones: Todos somos egoístas y no hay nadie que nos ponga de acuerdo. No sé cuál de los dos problemas es mayor, solo sé que lo uno lleva a lo otro, como la pescadilla que se muerde su propia cola. Así vivimos, mordiéndonos a nosotros mismos. ¡Qué estupidez, oiga! Cuando todo el mundo tiene la razón, nadie la tiene porque todos están protegiendo su parte de la manta. Al igual que Sancho recibió un manteo por el no pagar de Don Quijote, nosotros recibimos lo mismo por las deudas de los que nos manejan a su gusto. Estas deudas trascienden lo económico, llegando a la injusticia y la falta de rectitud. Donde otros no han querido pagar por creerse alguien, los Don Quijotes, han quedado como deudores manteados, los Sanchos.

Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo. (2 Samuel 8:15)

Nos guste o no necesitamos personas que nos dirijan. Estas personas están obligadas a administrar justicia y equidad a todos por igual. David lo hizo de esa forma durante su reinado que duró cuarenta años. Aunque tuvo sus luces y sombras, David siempre reconoció sus errores y los subsanó lo mejor que pudo. Líderes como David son los que necesitamos. Líderes que impartan justicia y equidad sin mirar al poder, creencias y tendencias morales o amorales. Debo confesar que soy muy pesimista a que se encuentren esos líderes intachables en la época que vivimos. A los hechos me remito, aunque se haya convertido en un triste tópico decirlo.

¿Cuál fue el secreto de David? Su relación con Dios. De esa relación sacaba apoyo, fuerzas y dirección para cada empresa que tenía por delante. David sabía que Dios mismo lo había erigido como rey y que, por lo tanto, debía someterse a Su consejo. Sin Dios al mando la justicia y la equidad universal no es posible porque el hombre posee un entendimiento y conocimiento parcial de todo. Dios es el que ve las intenciones del corazón humano más profundas y oscuras. Vuelvo a reincidir en mi pesimismo vital: No hay nadie humano, ni lo habrá, que nos dirija con justicia y equidad a todos igualitariamente.

Mi pesimismo se basa en el hombre y sus pecados egoístas: Don Quijote se cree más inteligente que Sancho y Sancho se cree más cuerdo que Don Quijote. ¡Hay esperanza! Mi optimismo se basa en Jesucristo y Sus promesas de reinar con justicia y equidad. Cierto es que David reinó de esa forma por poco tiempo pero Jesús lo hará por la eternidad. ¡Ay de aquellos que no han creído en Sus promesas de salvación! Jesús impartió justicia y equidad eterna en la cruz al morir pagando por nuestros pecados a Su Padre. ¿¡Qué hemos cometido pecado!? Sí, hombre. Cada vez que somos injustos y faltos de rectitud con Dios y los demás hay pecado. Cree en Jesucristo y encontrarás la justicia y equidad que buscas.

Jesucristo: Justicia y Equidad.


¡QUE DIOS TE BENDIGA!

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